Sara Facio o la rebeldía contra el color

La fotógrafa exhibe 179 imágenes en el Espacio de Arte Imago; los primeros planos, su especialidad

Para la fotógrafa Sara Facio el blanco y negro no sólo es muy creativo, sino que se trata también de una primera rebeldía porque “la vida es en color”, dice a LA NACION y sonríe esta consagrada artista argentina de quien acaba de inaugurarse la muestra antológica más importante de sus fotografías, en el Espacio de Arte Imago, y se podrá ver hasta el 29 de marzo.

La exposición reúne 179 imágenes imperdibles que van de 1960 a 2005 y que se agrupan en series de acuerdo con proyectos que la artista desarrolló en distintos momentos de su carrera, que abarcó también los ámbitos del periodismo y la publicidad. Facio hizo del retrato fotográfico en blanco y negro una marca inconfundible dentro de su vasta producción. En este sentido, son paradigmáticas las dos series De Brujos y Hechiceras y Escritores de América Latina.

Por ellas desfilan los rostros y sus particularísimas expresiones captadas por el instante fotográfico de Julio Cortázar, Alejandra Pizarnik, Doris Lessing, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Quino, María Elena Walsh, Gabriel García Márquez, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Susana Rinaldi, Marta Minujín, entre muchas otras personalidades destacadas.

¿Por qué la elección del retrato como género fotográfico? “Me atrae mucho el rostro. Una cara es el paisaje más maravilloso”. Esa pasión por la expresividad del rostro queda de manifiesto no sólo en las series de figuras conocidas, sino también en otras series fotográficas cuya expresividad y comprensión están ancladas en los rostros de hombres, mujeres y niños anónimos.

Es lo que sucede por ejemplo en las series Los funerales del presidente Perón, Actos de Fe en Guatemala y Humanario. ¿Siempre la guió alguna búsqueda consciente al sacar una foto? “Como decía Picasso, yo no busco, encuentro. Puedo viajar en un taxi y más allá de lo que el taxista diga, interesante o no, su rostro tiene una expresión que me dan ganas de sacarle una foto.”

Comenta a LA NACION que las fotos expuestas en esta muestra son “las mejores que tomó”. ¿Qué hace a una fotografía ser mejor? “Que esté logrado el momento, el personaje. Captar la esencia del personaje”. En el texto del catálogo de la muestra, el crítico Rodrigo Alonso señala: “Sara Facio es una cultora de la fotografía directa, un tipo de producción que adscribe voluntariamente a la noción de imagen fotográfica como huella. Sus obras no reniegan de la realidad, por el contrario, la exaltan”.

Construir un campo

Su intenso vínculo con la fotografía llevó a la artista a ampliar su actividad y hasta convertirse en “el pilar más fuerte de la construcción del campo de la fotografía argentina”, en palabras de María Teresa Constantín, historiadora del arte y coordinadora de Artes Visuales del Espacio Imago de la Fundación Osde.

Sara Facio es miembro fundadora del Consejo Argentino de Fotografía desde 1978. Un poco antes, en 1973, fundó con María Cristina Orive la editorial fotográfica La Azotea, que aún dirige. En 1985 creó la Fotogalería del teatro General San Martín de la ciudad de Buenos Aires, que dirigió hasta 1998. Además, formó el patrimonio de fotografía del Museo Nacional de Bellas Artes que se inició con 50 obras de grandes fotógrafos universales que pertenecían a Facio y que ella donó al museo. Hoy, este acervo reúne 800 imágenes.

En una de las secciones de la muestra hay retratos de Facio que le sacaron otros fotógrafos. Una expresión de optimismo recorre esta serie que la muestra en distintas épocas. Nació en la Argentina en 1932, se graduó en la Escuela Nacional de Bellas Artes, fue asistente de Annemarie Heinrich y ganó numerosos premios. Despliega en hoy esa misma expresión optimista que acompaña con hablar y vestir elegantes.

¿En qué otras cosas se tradujo en su profesión la rebeldía además del hecho de preferir la fotografía blanco y negro a la de color para retratar la realidad? “Hay mucha rebeldía en la elección de los personajes que fotografié. Hace 50 años escribirle a Neruda o tocarle el timbre a Silvina Ocampo para poder sacarles fotos era arriesgado. O hacer el reportaje del peronismo sin ser peronista”.

Hace ya un tiempo se cayó y se rompió las dos muñecas. Aún está en rehabilitación. Más allá del accidente, dice que si siguiera sacando fotos tendría que hacer fotografía digital y para eso tendría que estudiar mucho y que tiene “derecho a descansar”. Sin embargo, su descanso parece ser relativo: “En este momento más que aprender una técnica, me motiva hacer libros que me interesen de buenos autores, curadurías de obras y continuar la colección del Bellas Artes”. Hacia allí va, para seguir encontrando.

Por Laura Casanovas

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