Con su obra Visiones obstruidas



La fotógrafa venezolana Dafna Talmor obtuvo el Premio de Fotografía Directa de la IV edición de la Bienal de Fotografía de la Fundación Daniela Chappard, Arte, Sida, Vida. Un jurado integrado por Régis Durand, Antolín Sánchez, Tomás Rodríguez Soto premió la serie de Talmor titulada Visiones obstruidas. El premio consiste en diez millones de bolívares y una exposición de los ganadores y mencionados, la cual se llevará a efecto entre el 6 de marzo y el 27 de abril de 2008 en el Celarg.

Talmor plantea en su trabajo la relación entre lo interior y lo exterior, tanto en el sentido físico como psicológico. Asimismo, la artista ha explorado la relación entre sujeto y espacio, y cómo uno afecta al otro.

“Aunque las obras son autorretratos, no me interesa hablar de un lugar específico, ni de individuos. Lo que me interesa es una relación entre lo autobiográfico y lo universal, obviando esa especie de subjetividad e incorporando cierta distancia. El papel del sujeto y la locación es mero stand-in. Razón por la cual, tanto la identidad del mismo, como el sitio de las fotografías, no son en ningún caso revelados dentro de la imagen, ni a través de los títulos”, apunta Talmor en el texto que acompaña sus fotografías.

“La relación entre lo que yace afuera y el emplazamiento del sujeto situado en el espacio interior es cuanto está en juego en mis fotografías. El lugar del sujeto mirando hacia fuera tiene como objeto referirse a cierta ambivalencia, una especie de revoloteo; anhelo en parte expresando deseo, quizás nostalgia (de lo) exterior mientras se permanece a salvo dentro”.

Y añade: “La ventana, elemento recurrente en mi obra, sugiere ese mundo exterior, y es empleada para extender el panorama; pues, a pesar de que la ventana es lo que ofrece dicha extensión, es también lo que niega al observador el conocimiento de lo que yace afuera. En obras anteriores, la obstrucción, impedimento visual al exterior, era completa; sin embargo, en obras recientes desarrollo la interacción entre ventana y panorama. A pesar de comenzar exponiendo el afuera de la ventana, dicho panorama se mantiene brumoso… algo está siempre en el camino que impide tener una vista completa y omnilateral. Esto puede servir como metáfora propia del mirar y se refiere a la noción de lo que podemos o no ver, no solamente de modo fotográfico, sino en general. Una visión exterior que todavía no brinda suficiente información para argumentos de especificidad, y en cambio, actúa como espacio, proyectado y virtual”.

Sobre la obra de Dafna Talmor

Dafna Talmor interna las imágenes extraídas de la simiente de su propia memoria afectiva… la soledad del mirón-mirado, cuando no pierde ni gana, en cambio muestra, describe su propia austeridad casi minimalista, en una puesta en escena sin casualidades, donde la luz es quizás su principal protagonista, una luz tamizada y difusa, de sombras, sutilezas y contra-reflejos; de siluetas incómodamente quietas o expectantes, identidades en (trans)fuga que nos hablan casi más de cuanto no se muestra, de todo aquello que no es obvio, ni visible en la foto. A veces movida y translúcida, a ratos intencionalmente fría, sin enfrentar la mirada con la lente, con la pupila que mira, que rapta; en cambio, cómplice intentando descifrar, ver lo que la opacidad ventanal nos impide (su rostro invariablemente invertido, hacia lo otro, el afuera, el allá, que puede ser hacia todos los lugares y ninguno, pero siempre hacia sí misma), echada sobre el sofá, la cama… interior doméstico pero impersonal (pudiendo ser tan suyo como nuestro o de nadie), lugar de tránsito, de lecho provisional; hábitat de paso, de incómodas intermitencias, consiguiendo instantáneas de una intensidad poética sublime… conmovedora.

Opacidades, transparencias, tabiques, lentes, filtros ante la mirada del actuante, exhortándonos a experimentar con la protagonista que simula esconderse (de ella misma), no ser descubierta, fugarse o trastocar sus ojos más allá o más acá de las ventanas (también nuestro límite), en comunión focal reflexiva, siempre hay una ventana recortando la realidad… cuando la vida está, sin duda, fuera de este o aquel marco. Decía el ensayista y lexicógrafo inglés Samuel Johnson (1709-1784): el lenguaje es el vestido del pensamiento, unos velos… esas cortinas que flotan conteniendo la luz, frontera última de lo inasible; luego forma, escasa medida donde tela, cristal y claridad forman lo mismo desde afuera, entrando de súbito a ser vivido. Empañada(s) y translúcida(s) incita(n) a cruzar la puerta de su mano, descorrer(las) y ver por fin su rostro. Un rostro inundado de relámpagos.

Adrián Morales

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