"De lo que se trata con Periscopio es de dar a la pausa, al stop"

Tras una primera edición más que exitosa, Periscopio vuelve a la carga hasta el 9 de diciembre con la intención de convertir a Vitoria en el punto de exposición del mejor fotoperiodismo mundial. Una idea que sólo tiene un culpable, en el mejor sentido de la palabra, Paco Valderrama

Paco Valderrama en un instante -fotoperiodístico- de la presentación de Periscopio; al fondo, un autorretrato de Elliot Erwitt.FotoS: aritz garcía

david mangana

El Periscopio emerge por segunda vez en Vitoria, ¿cree que la ciudad lo estaba esperando?

Yo creo que sí. En otoño, desde hace cinco años, World Press Photo marca uno de los acontecimientos de ocio. Ahora, ampliado a Periscopio, con la repercusión que tuvimos el año pasado, sí que hay gente que te pregunta, que se preocupa por cómo y cuándo va a ser. A pesar de que es el segundo año, la importancia del acontecimiento cultural es suficiente para que la gente se acuerde o tenga una referencia. Para que le apetezca.

Aunque una imagen vale más que mil palabras, cuente en unas pocas el objetivo de este segundo año.

Este año el objetivo extrafotográfico es el asentamiento definitivo de Periscopio, de esa conversión de Vitoria en la capital del fotoperiodismo durante unas semanas. Aparte, el objetivo puramente visual prácticamente no cambia. Se trata de mostrar al público, a los aficionados a la fotografía y a los preocupados por la historia y los acontecimientos universales, unas imágenes originales y de gran formato, con esas situaciones duras, complejas, a las que cada vez somos más impermeables, de ahí la imagen del submarino y el Periscopio.

¿Por qué será que somos cada vez más impermeables a la realidad?

Por la globalización de los medios informativos, por el aplastante término que es la corrección política. No vamos a inquietar en exceso al público con imágenes, con historias duras. Tenemos algunas, las habituales, pero procuremos no pasar de ahí. Este año hemos logrado un equilibrio muy importante. Algunas exposiciones son muy duras, World Press este año tiene imágenes duras, bellas como siempre, pero ha subido el grado de la dureza de las imágenes debido a la situación mundial, desde el aspecto bélico y de conflicto hasta el aspecto de injusticia o los males eternos: las hambrunas, las luchas tribales…

¿Con qué se equilibra?

Hemos logrado el equilibro de estas imágenes duras con la imagen que nos proporciona en Fundación Caja Vital un maestro indiscutible de la fotografía como Elliot Erwitt. A sus 79 años, ha formado parte de y ha dirigido la Agencia Magnum durante unos años, conociendo personalmente a Robert Capa y a todos los grandes. Si no lo conocemos, pensaríamos en un hombre que se ha batido el cobre en frentes de guerra, en situaciones duras, cuando no es así. Es todo lo contrario, y a eso me refiero cuando digo que hemos encontrado un equilibrio. Ahí tenemos una posibilidad de la sonrisa, de una fotografía inteligentísima, de una fotografía histórica, puesto que esta retrospectiva va desde 1949 hasta 2001. Está Kruschev, Fidel Castro muy joven, Marilyn Monroe… Pero a la vez no sólo eso. La herramienta de Erwitt -aparte de la composición cromática, de la propia fotografía, de sus perspectivas, que son maravillosas- es la ternura. Para él la ternura es fundamental. Digamos que la ternura es el relleno de la croqueta y también hay una capa fina de rebozado de crítica social.

¿Un ejemplo de una imagen?

Me acuerdo de una foto de él que es maravillosa. Se ven dos lavabos -años 50 en Estados Unidos-, uno para blancos y otro para negros, y lo curioso, el guiño de la foto, es que hay una tubería que une perfectamente los dos lavabos. Estas fotos de Erwitt hay que verlas buscando algo, porque lo encuentras. La fotografía de Erwitt es como una cebolla, vas quitando capas y vas encontrando. ¡Y qué hablar de sus fotos de perros! Perros tratados mejor que las personas, con dueños que se parecen a ellos, buscando imágenes en las que el perro parece más brillante que ellos. Es un maestro de la fotografía y todavía está vivo, afortunadamente. Hace tiempo vi una exposición de fotoperiodismo en Francia prácticamente dedicada a la guerra de Vietnam -un hueco que tenemos que llenar alguna vez en Periscopio- con imágenes muy duras y, de repente, en una de las paredes, había una pequeña selección de fotos de Erwitt. Era como llegar a un oasis. La imagen inteligente, amable, simpática y también inquietante, con una capa de crítica. No es un fotógrafo blanco, si no no hubiera formado parte de Magnum, y tenemos la suerte de tener una retrospectiva imponente con más de 130 fotografías.

La sorpresa ha sido la exposición de Ahmad Masood.

También vamos a conseguir el equilibrio con esta exposición en el vallado de las obras de la Virgen Blanca, que nos presenta un Afganistán completamente diferente. Su mirada también la concentra de una forma más amable, quiere prescindir un poco -ahora que se cumplen en octubre seis años de la llegada norteamericana- de las duras condiciones de vida, del semifracaso de las fuerzas internacionales. Quiere olvidarse un poco de eso y mostrar unas fotos simpatiquísimas de Afganistán después de los talibanes, después de cantidad de años de una dureza tremenda. Por ejemplo, el primer desfile de modelos en Kabul, un vendedor de peces de colores en bolsas de plástico…

Parece realismo mágico…

O una normalización, un intento de decir ‘queremos ser un poco normales’. Imágenes de la primera representación de una obra de Shakespeare, de un forzudo haciendo ejercicio en un valle. ¿Y qué pinta aquí un forzudo? Pues es que son muy aficionados a la lucha y los talibanes les obligaban a llevar unas barbas larguísimas, no se podía llevar ropa ajustada, con lo que no podían luchar. Ya me contarás cómo luchas así cuerpo a cuerpo. Además, es una apuesta porque sacamos la fotografía a la calle. Se hace en Milán, en París, en Barcelona, en Gijón, en La Coruña, en Cádiz. ¿Por qué no se van a poder sacar las fotografías a la calle?

El fotoperiodismo tiene la doble virtud de atraer por lo formal y por su propio contenido, por su historia.

Pero con eso hay que tener también mucho cuidado. El fotógrafo de prensa de acción no tiene demasiado tiempo para encuadrar, para cuidar la estética. Es estética que se encuentra, porque de lo que se trata es de informar. No olvidemos que lo que prima es la información. Que luego hay una estética… no cabe duda. Ya sólo el hecho de poner imágenes de un país extraño, diferente, con la belleza natural que tienen…

Nos hemos vuelto muy insensibles a la imagen, la aceptamos muy rápido, ¿son eventos de este tipo una especie de remedio?

De lo que se trata con este tipo de festivales es de dar a la pausa, al stop. Reposar la historia que nos cuentan esas imágenes. Ahora mismo, hablar de reposo, de tranquilidad, de una cadencia y un tempo suave escuchando la palabra información es prácticamente una locura. No digieres las imágenes, no tienes tiempo. Muchas de estas imágenes no se han visto, son historias que no saltan a las grandes cadenas, a los grandes medios, porque todo está cada vez más estandarizado y filtrado, no sólo ideológicamente. Se filtra porque no se le puede molestar a un señor que está comiendo, a su niño. No vamos a inquietar nuestro bienestar. Es sagrado. Esto se convierte cada vez más en un problema para los que piensan de otra manera. Oímos el goteo de muertos por la mañana en la radio y ya está. No le damos demasiada importancia. Hay una rutina de la información y no nos afecta. La virtud de estos certámenes es primero que vas, que no te lo encuentras en el desayuno sino que quieres ver esas imágenes. Y segundo que te hacen reflexionar.

¿A esto contribuye acercarse a mirar en un entorno social, con toda la escenografía de Periscopio?

Son unas cuantas semanas y tienes la posibilidad de añadir a tu tiempo libre, a tu ocio, otra cuestión más. Aparte de que vayas al fútbol, te guste pasear, vayas a correr o al cine, tienes esta otra posibilidad, lo mismo que otras exposiciones de todo tipo en la ciudad. Ahora es la fiesta del fotoperiodismo y vamos a disfrutar, como si fuera la fiesta gastronómica. Vamos a degustar el trabajo de grandes profesionales, y de grandes promesas también.

Precisamente el concurso de aficionados descubrió el año pasado una cantera de autores y sirvió para unir mediante la participación…

A mí me emocionó -y este año me voy a volver a emocionar con otras 74 exposiciones- la ilusión con la que planteaba la gente su trabajo. Tuvimos que hablar rápidamente con las tiendas de fotografía de Álava, que se han portado magníficamente, para hacerles algún descuento, para ayudarles un poco. Y todos encantados. Hubo exposiciones cuidadísimas y una gran calidad, desde la gente que traía sus fotos de las vacaciones, con selecciones muy bien hechas. Para nosotros es fundamental cuidar a esta gente y por eso hemos aumentado los premios y hemos traído talleres.

¿También hubo entre los autores miradas fotoperiodísticas?

También. Y hasta foto submarina. Fotos con segunda intención y otras fotos más plásticas. Una variedad maravillosa. Surgieron como flores en primavera. Y nada de colgar cuatro fotos, trabajos muy elaborados.

¿Qué personalidades confluyen esta vez en Cuatro esquinas?

Tenemos otro equilibrio, porque las cuatro esquinas rompen un poco su ámbito natural. Normalmente estaríamos hablando de fotografías locales, de Euskadi, y haberlas, las hay, pero la inquietud de estos profesionales locales nos trae imágenes de otros lugares, de algún reportaje que han hecho lejos, de algún trabajo especial en otros países. Nos muestran también su cara más universal, menos local. Está Koro Cantabrana, que una de sus fotos fue seleccionada el año pasado por la asociación Woman in pictures. Y un Asier Bastida con una calidad tremenda, con unos trabajos muy cuidados, muy pensados. Blanca Castillo, Manuel Díaz de Rada… Está muy bien Cuatro esquinas este año.

¿Cómo selecciona las muestras?

Algunas se producen aquí. Este año hemos producido la de Alfonso Moral,Líbano entre el mar y el fuego . Lo que hago es un poco mirar durante todo el año qué es lo que hay. Me llega mucha información internacional. Vas palpando todo lo que hay, todo lo nuevo. Entras en las grandes y las pequeñas agencias, que te permiten el acceso. Todo el año encima, asistes a un par de festivales, estás en contacto con gente, te llega mucho material.

¿Qué fotógrafos le gustan a Paco Valderrama?¿Clásicos, nuevos?

Evidentemente tienes a un Robert Capa que es el maestro. De esas fuentes han bebido muchos. Paolo Pellegrini me llama mucho la atención. Es un fotógrafo muy duro, que en World Press Photo no hay año que no gane alguno de los apartados. En los antiguos países del Este, y en Rusia sobre todo, también se está haciendo un trabajo muy interesante, con muy pocos medios y, sobre todo, con una presión tremenda. Habría que ver si se puede traer algún reportaje.

Fotos en una situación límite…

En Rusia hay una situación complicada, hay muchísimas historias que no salen ni en revistas ni en la televisión. Todas las cadenas son estatales, sólo queda una y durará dos telediarios. Han muerto varios periodistas en los últimos años, no sabemos muy bien lo que ocurre. Sí se sabe pero no se dice. Ahí hay cámaras y fotógrafos, y quisiéramos entrar porque están haciendo cosas muy interesantes.

¿Usted toma fotos?

Soy malísimo. Me gusta, pero no tengo paciencia. La realidad me fascina tal como es, no tengo tiempo de ponerme una lente en medio. Me rompe el hechizo. Si saco una foto la saco casi de cualquier manera. No soy muy bueno ni tengo paciencia, y para hacer una buena foto te tienes que sumergir en el medio en que estás haciéndola, mimetizarte, identificarte un poco con ese entorno o ese personaje.

Artium, Casa de Cultura, Espacio Ciudad, Artes y Oficios, Montehermoso… No faltan espacios para la fotografía durante el año.

Los certámenes de fotografía artística se han disparado. Como ejemplo, DPhoto en San Sebastián, con un conglomerado de galerías y ofertas maravillosas. Y el precio de la fotografía también se ha disparado. Hace unos años entró en ARCO con una fuerza tremenda, se vende de forma masiva. El precio se ha multiplicado por mil en algunos casos. Un museo que se precie tiene colecciones y muestras de fotografía. Y hay grandes coleccionistas particulares. En Vitoria también se hacen grandes exposiciones, por ejemplo la de China hace poco en Artium. Estamos bien cubiertos y no se mira para otro lado.

¿Qué imagen le gustaría revelar después de estos días?

Me gustaría, de verdad, que el público disfrutara, que alguien me pueda decir por la calle algún día: ‘Oye, qué historias he visto, qué duras eran, no me ha gustado alguna, qué bien me he sentido, me ha aportado algo, ha habido momentos en los que he pensado algo’. Ese agradecimiento es lo que te anima a seguir, porque -aparte de Naturgas y Caja Vital- hablamos de dinero público, del contribuyente, y hay que darle la aplicación que se merece.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: