Digitalizan fotografía de Tlaltecuhtli mediante 30 millones de puntos

Ana Mónica Rodríguez

Labores de limpieza de la monumental escultura de Tlaltecuhtli, descubierta en octubre del año pasado.
Labores de limpieza de la monumental escultura de Tlaltecuhtli, descubierta en octubre del año pasado. Foto: Cortesía Proyecto Templo Mayor

Fragmentos del monolito de esa deidad mexica

Fragmentos del monolito de esa deidad mexica Foto: Cortesía Proyecto Templo Mayor

Para elaborar un modelo gráfico del monolito de Tlaltecuhtli, especialistas italianos y del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) captaron recientemente imágenes espectaculares de los cuatro fragmentos de la escultura antes de que ésta sea trasladada del lugar donde fue descubierta, el 2 de octubre de 2006.

El arqueólogo Leonardo López Luján detalla el proceso de elaboración de esa fotografía digital: “A partir de cierta base de datos se genera un modelo tridimensional que da cuenta de la fisonomía de los monumentos y de su posición relativa en el entorno –es casi como una fotografía en tercera dimensión”.

En otras palabras, agrega, “la computadora produce nubes compuestas por millones de puntos, conformando así imágenes espectaculares; se trata del registro espacial más preciso posible con tecnología de punta”.

Desde el hallazgo de Tlaltecuhtli han surgido evidencias que permiten inferir que debajo de esa gran piedra existe una cripta familiar de los últimos emperadores aztecas.

Alrededor de 1521, año en que Hernán Cortés y su ejército avasallaron la antigua Tenochtitlán, los mexicas ingresaron por última vez al lugar que los arqueólogos del Proyecto Templo Mayor podrían haber identificado como la tumba del rey Ahuítzotl (1486-1502).

Al salir sellaron el acceso en forma definitiva con una espesa capa de argamasa y varias capas de tierra y piedras. Este ingreso tan tardío y accidentado podría explicarse de diversas maneras, entre ellas, la inhumación en el mismo sitio de las cenizas de Moctezuma II o de Cuitláhuac.

El enigma de la tumba real de los mexicas parece revelarse ante las evidencias que un grupo de expertos está recuperando en torno al monolito de Tlaltecuhtli, deidad de la tierra descubierta hace casi un año al pie del Templo Mayor, y que ya fue escaneada tridimensionalmente por especialistas italianos y del INAH, produciendo una imagen de más de 30 millones de puntos que dan forma y volumen a la colosal escultura.

Las meticulosas excavaciones realizadas por el equipo multidisciplinario que encabeza López Luján, director del Proyecto Templo Mayor, sacaron a la luz el acceso vertical a un lugar todavía desconocido, quizá podría tratarse de un conjunto de cámaras funerarias.

Buenas expectativas

De los soberanos mexicas, las crónicas relatan que Ahuítzotl sucedió en el poder a Tizoc y logró importantes victorias militares que ampliaron los límites del imperio hasta el Soconusco, en la actual frontera con Guatemala. Este rey murió dos años después de la gran inundación que padeció Tenochtitlán en el año 1500.

Enseguida llegó al trono su sobrino, Moctezuma II, quien sucumbió ante los negativos presagios destinados a su pueblo y cayó en manos de los españoles comandados por Hernán Cortés, quienes tras someterlo lo mantuvieron en el poder de manera simbólica. Fue asesinado y su lugar lo ocupó su hermano Cuitláhuac, enfurecido promotor de la defensa contra los extranjeros, pero falleció en corto tiempo a causa de la viruela.

El acceso descubierto es una cavidad cuadrada de aproximadamente 1.50 metros por lado, la cual se abre en el piso de la plaza, justo al oeste de Tlaltecuhtli. Dicha cavidad está enmarcada por 15 bloques de piedra, cada uno de más de dos metros de longitud y medio metro de ancho. En su interior han sido hallados objetos que suelen aparecer en contextos funerarios del México antiguo, entre ellos, pendientes en forma de cabeza de pato.

Una muy cuidadosa exploración ha demostrado que las hipotéticas cámaras funerarias fueron “un espacio vivo”, pues el acceso estuvo en funcionamiento durante más de dos décadas, explica López Luján. De tratarse de una tumba, los mexicas habrían ingresado a ella en repetidas ocasiones, quizá para introducir ofrendas, inhumar otros cadáveres o extraer reliquias.

López Luján prosigue: “Grégory Pereira y Ximena Chávez, dos de los especialistas mejor capacitados en contextos funerarios, hicieron un pequeño túnel al oeste del monolito, liberando así el acceso. Especulamos que, si profundizamos la excavación en su interior, ingresaremos a un suerte de distribuidor de las cámaras funerarias”, suposición que se robustece con los estudios de georradar y resistividad eléctrica realizados en fechas recientes.

“El hallazgo de un sello de estuco nos indica que las cámaras no fueron violadas en los siglos posteriores al último ingreso, fechado alrededor de 1521.”

Por tales razones, añade López Luján, “tenemos buenas expectativas”.

El investigador, quien fue premiado por la Academia Mexicana de Ciencias, aclara:

“Desde el 15 de noviembre pasado, cuando Eduardo Matos y yo dimos a conocer la hipótesis de que el monolito de Tlaltecuhtli podía ocultar bajo su enorme masa los restos mortales de Ahuítzotl, hemos acopiado información histórica y arqueológica sumamente sugerente.

“Sin embargo, todavía no contamos con evidencias contundentes para corroborar o desechar tal hipótesis. Seguiremos profundizando nuestra exploración en busca de nuevos indicios, pero esto nos llevará algún tiempo, dado el cuidado que se requiere en un contexto de esta naturaleza y debido a los obstáculos que representan las lluvias torrenciales que han caído en las semanas recientes.”

Uno de estos grupos de investigación, explica López Luján, es el del italiano Guido Galvani, de la Universidad de Ferrara, quien con apoyo de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos utilizó un escáner láser terrestre para registrar tridimensionalmente el monolito de Tlaltecuhtli.

El objetivo fue elaborar un modelo gráfico de los cuatro fragmentos de la escultura antes de que sean trasladados a unos metros de distancia del sitio donde fueron descubiertos, para su restauración.

Detalla: “El escáner láser terrestre es un equipo complejo y costoso que, automáticamente y a cada dos milímetros, toma medidas de la superficie de monumentos escultóricos y arquitectónicos. Realiza un barrido sistemático que produce una base de datos digitalizada y fidedigna de la topografía”.

En tanto, la bióloga Norma Valentín, la arqueóloga Osiris Quezada y otras especialistas descubrieron algunos metros al sur del monolito una riquísima ofrenda con siete esqueletos de águila real, tres de ibis, más de 60 cuchillos sacrificiales de gran tamaño, cientos de cuentas de piedra verde, objetos de madera y semillas de algodón y calabaza.

Calcas de pinturas murales

Por su parte, el equipo que coordina el japonés Saburo Sugiyama acaba de concluir el plano tridimensional computarizado de la zona arqueológica del Templo Mayor y de las áreas circunvecinas, el cual abarca una superficie superior a 15 mil metros cuadrados.

También el grupo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), liderado por Luis Barba, descubrió la existencia de “un conjunto de cavidades” debajo y al poniente del monolito de Tlaltecuhtli, y ya concluyó al 100 por ciento la prospección en los predios que estuvieron ocupados por las casas de las Ajaracas y de las Campanas, donde utilizó un georradar y un resistivímetro.

En tanto, el equipo coordinado por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma terminó las calcas de las pinturas murales que decoran varios de los edificios de la zona arqueológica, las cuales servirán de base “para elaborar en computadora los dibujos que serán publicados por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM”.

Finalmente, el equipo de la restauradora Virginia Pimentel ha concluido la toma de muestras en el monumental relieve de Tlaltecuhtli, necesarias para los análisis petrográficos, de pigmentos y de trazas de fluidos sanguíneos.

“Con ese estudio sabremos con exactitud de dónde fue extraída la piedra, la composición de los colores rojo, ocre, azul, blanco y negro con que fue pintada, y si se derramó sangre humana sobre la escultura”, puntualizó López Luján.

“Perseguimos un objetivo científico: explorar y registrar meticulosamente los contextos arqueológicos del Templo Mayor para reconstruir acontecimientos cruciales de nuestro pasado.”

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