Photoimagen 2007:Ciudad y "Deambulancias Urbanas”

Jean-Baptiste Barret
Jean-Baptiste Barret

Robert Charlotte

Jean-Francois Manicom

MARIANNE DE TOLENTINO
Es un motivo de gran alegría que se celebre por segunda vez, a un año de distancia, el Mes de la Fotografía en Santo Domingo, y no dudamos de que en el 2008 habrá una tercera edición del evento. Photoimagen es la institución organizadora y responsable de este logro, encabezada por los fotógrafos Mayra Johnson, su directora general, y Carlos Acero, subdirector, que, desde el 2006, se ha entregado con pasión a esa fiesta de la imagen, como lo atestiguan sus cinco textos publicados en la gazeta Photoimagen, y su exposición personal del 2006, presentada allí por Myrna Guerrero.

Una verdadera explosión de la fotografía dominicana, intensificada por las mujeres fotógrafas, ha sucedido, imponiéndose en las exposiciones, las bienales y las publicaciones. Producir anualmente un mes de dedicación especial, a la vez fortalece, dinamiza y disciplina nuestra fotografía, invitando además a muy notables artistas internacionales de la cámara, como es el caso de los fotógrafos que exponen en los salones de la Embajada de Francia. Sentimos la participación de esos franco-caribeños con emoción, ya que, en el 2000, el Centro Cultural Cariforo había celebrado en el Palacio de Bellas Artes, como parte de su programa Cariforum, una gran muestra de pintura y de fotografía de todo el Caribe, también dedicada a la Ciudad (“Urban life in Caribbean”, La Vida urbana en el Caribe), ¡quedando la nostalgia y el hermoso catálogo!. Como bien lo señala poéticamente Mayra Johnson, “cada ciudad tiene vida propia, y, como su gente, tiene su lenguaje”.

Uno de los más destacados participantes fue entonces Robert Charlotte – de Martinica-, que nos cautiva ahora nuevamente. Respecto a Mujesira Elezovic -alma de esa iniciativa en cuarteto desde el primer momento-, Jean-Baptiste Barret y Jean-François Manicom, una travesura del correo electrónico interrumpió la comunicación…. Felizmente, el departamento cultural de la Embajada de Francia materializó el proyecto en colaboración con los expositores e instituciones antillanas francesas: hoy tenemos, muy bien distribuidas entre las salas del primer y el segundo piso, cuatro exposiciones personales para esta actividad de grupo.

La Exposición

Si tuviéramos que aplicar una calificación primordial a esta exposición, es su inteligencia. Ha sabido combinar cuatro personalidades, y cada pequeña individual nos estimula para que disfrutemos la siguiente y descubramos su singularidad. Cabe señalar que, sin descartar totalmente el aporte digital, los artistas preservan, en sus obras, de técnica impecable, la categoría fotográfica tradicional. El título,”Deambulancias urbanas” puede interpretarse como un paseo por la implacable foto-realidad de Jean-Baptiste Barret y de Mujesira Elezovic, cruzándose luego el umbral de lo real-fantástico, a través del “diálogo” de las fotos-instalaciones de Robert Charlotte y Jean-François Manicom.

Jean-Baptiste Barret deja subsistir la veracidad de la fotografía testimonio. Aparentemente, sus espacios -aquí el espacio es muy importante- toman la forma de paisajes urbanos antillanos, donde el campo todavía queda cercano y la banalización anónima es incontenible. ¡El parqueo adquiere un valor simbólico! Ahora bien, observamos la presencia de un pequeño personaje: el hombre está en ese mundo deshumanizado… pero adrede reducido a su mínima intervención, aparentemente. De hecho es un elemento principal en el escenario, a nivel del mensaje, y más cuando nos percatamos de que siempre se trata del propio fotógrafo, con expresiones y “disfraces” distintos. No es Cindy Sherman y sus autorretratos obsesivos, sino un testigo ¿acusador?- a quien, una vez descubierto, iremos buscando, imagen tras imagen, hasta en una multitud

Mujesira Elezovic demuestra una fuerza, una calidad, un esmero impresionantes. Ella despliega el arte del retrato fotográfico, pero anónimo, convirtiéndolo en estudio sociológico espontáneo. Son mujeres – hay muy pocos hombres, y sin rostros, si bien recordamos- en la calle y en su andar cotidiano. Que sean una, dos tres, cuatro o más en un cuadro, cada una, todas generaciones incluidas, propone el impacto de su rostro. Nuestra mirada se prolonga, y la preocupación o el cuestionamiento, legible en estas caras graves, se convierte en un elmento constitutivo de la reflexión fotográfica… y la condición humana. Los “fondos negros” -título de la serie-, absolutos, concentran toda la atención en los protagonistas. También aportan una segunda dimensión tanto estética como técnica, ingrediente fundamental de esta iconografía singular. Subir a la segunda planta -¡todavía se debe acostumbrar el público a esa segunda etapa, y en cada exposición!- modifica los esquemas de mirada y las propuestas estéticas. Además tanto en Jean-François Manicom como en Robert Charlotte, movimiento, superposiciones y/o repeticiones presentan una relación del cuerpo con el espacio y el tiempo. El tema de la ciudad pierde importancia, y , en nuestro criterio, poco entra en la sustancia de sus imágenes subjetivas, experimentales, fascinantes al fin. El sonido-narrativa y musicalización acompañan las obras. Ambas muestras -cortas-, instaladas simétricamente son apasionantes.

Jean-François Manicom, en Estados Inestables, anima los personajes, los desmaterializa, los descompone, evocando una mutación, de la cual sólo se nos ofrece una primera fase y sin embargo sugiere la continuidad… más allá del cuadro y de la secuencia. En el políptico, de ambiente industrial arrabalizado, aparte de la figura-luz y su estela, surgen rostros misteriosos como “apresados” en la chatarra, a modo de espectadores a la expectativa. Reina un ambiente onírico-fantástico, mientras la mirada de un joven, que ocupa el centro de la instalación a manera de una imagen hagiográfica inquieta e interpela al otro -o sea a nosotros-. El código cromático fundamental de la fotografía, en blanco y negro, fortalece una percepción a la vez dramática y mágica. Fue, como lo mencionamos, una alegría reencontrar a Robert Charlotte, después de años de “ausencia” y admirar la intensidad estética de sus fotografías, que visualizan el lirismo y exaltan una belleza… sin complacencia.

El dinamismo de sus imágenes juega con la superposición cuerpo / soporte absolutamente anónimo, con la geometría y la organicidad, con un efecto de difuminado que desplaza la mirada hacia la introspección. En el duo de imágenes centrales, -perturbadoras y perturbadas-, la comunicación de fenómenos parasicológicos se transmite por el contraste entre la luz y la oscuridad, el blanco y el negro, sugiriendo la tercera… y la cuarta dimensión.

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