Hipocondría por Internet

La Internet puede fomentar la hipocondra en las personas predispuestas y la creciente proliferación de mensajes de salud “on line” puede extender el miedo irracional a la enfermedad, según datos revelados por  expertos en el área área de la salud.
La Internet puede fomentar la hipocondría en las personas predispuestas y la creciente proliferación de mensajes de salud “on line” puede extender el miedo irracional a la enfermedad, según datos revelados por expertos en el área área de la salud.

Cada vez son más frecuentes las consultas médicas en las que el paciente solicita determinados tratamientos o pruebas diagnósticas.

Para algunos expertos la red de Internet puede fomentar la hipocondría en las personas predispuestas, y la creciente proliferación de mensajes de salud “on line” puede extender el miedo irracional a la enfermedad, y para identificar este problema emergente han acuñado el término “cibercondría”, el temor a enfermar derivado de la consulta de páginas web de medicina

Un informe del Instituto Nacional del Cáncer estadounidense señala que en los últimos diez años, los médicos han dejado de ser la principal fuente de información sanitaria de la gente, y su lugar ha sido ocupado por la Internet, mientras otras estadísticas indican que uno de cada cuatro ciudadanos de la Unión Europea acude a “la Red” para satisfacer sus dudas sobre salud.

Estos datos, que a simple vista pueden ser interpretados como un avance en la concienciación en materia de salud de la que ahora disfruta la población gracia a las nuevas tecnologías, son vistos con preocupación por algunos especialistas, que temen que el miedo a la enfermedad, una sensación inherente al ser humano, se vea exacerbado por el exceso de información.

Según el profesor Francisco Alonso-Fernández, presidente de la Sociedad Europea de Psiquiatría Social, el acceso masivo a Internet permite que haya unos pacientes mejor informados, pero si esa información no es rigurosa ni está respaldada por organismos científicos competentes, los resultados pueden ser muy negativos.

Según otros expertos, cada vez son más frecuentes las consultas médicas en las que el paciente solicita determinados tratamientos o pruebas diagnósticas a partir de información sesgada y errónea de la Red, o lo que es peor: se automedica o recurre a tratamientos por su propia cuenta, basándose en la información de Internet y sin consular con un facultativo.

La mejor literatura biomédica está disponible en Internet, y cada año se suman 500.000 nuevas referencias a MedLine, la principal base de datos médicos del mundo occidental y fuente de un enorme volumen de información seria que circula por la Red y de la que se sirven desde las sociedades científicas y editoriales médicas, hasta las instituciones sanitarias públicas y los medios de comunicación.

Pero esa información seria convive con contenidos que responden a intereses y propósitos diversos, con una profusa mezcolanza de verdades, medias verdades y falsedades, y con un exceso de recomendaciones, tanto acertadas como erróneas y a menudo contradictorias, lo cual puede convertirse en una verdadera amenaza para su salud, si se aplican.

La información médica de la Red puede ayudar a tomar decisiones informadas sobre la propia salud, cuando es fiable, pero su volumen y variedad son tan descomunales, que pueden producir en algunos de sus receptores desconcierto, ansiedad, preocupación e incluso miedo por su propia salud.

ENFERMOS IMAGINARIOS ANTE LA PANTALLA

Además de exacerbar la preocupación por la propia salud en aquellas personas predispuestas a la hipocondría o directamente empeorar a los hipocondríacos declarados, algunos expertos creen que la Internet médica puede estar originado una legión de afectado por la “cibercondría”, o miedo a enfermar debido a la consulta de páginas web de salud, indica el dato.

Según la psicóloga clínica Isabel S. Larraburu, “las consecuencias del superávit informativo de internet ya se empiezan a notar. Por una parte, se puede observar la tendencia al descrédito de la profesión médica por parte de algunos pacientes, que “que ya saben lo que tienen” o “lo que tienen que tomar”, lo cual favorece la automedicación y el ajuste temerario de las dosis.

Por otro lado “algunas personas, por su tendencia emotiva y proclive a la ansiedad, al informarse sobre el fármaco que le han prescrito, pueden percibir selectivamente la información, fijándose en sus aspectos más amenazadores e incrementando su temor”, señala la experta.

Para muchos médicos, es positivo que las personas quieran saber más sobre las enfermedades que sufren, y pueden sacar partido de esa información, por ejemplo al averiguar cómo pueden alimentarse mejor. Además, cada vez más pacientes acuden la consulta médica más informados sobre sus enfermedades y desean conocer los tratamientos más avanzados.

En cambio, la idea de cibercondría alude, entre otras cosas, a la persona que está ansiosa por conocer más acerca de sus enfermedades reales o imaginarias y busca sus síntomas en la red, auto-diagnosticándose o automedicándose en base a la información obtenida en distintas webs.

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