Extraños en una fotografía

LOS jugadores de uno de los equipos llevan uniforme, aunque con matices. El traje siempre oscuro, tan solo animado, a veces, por el color de la corbata. Los del otro no van uniformados, aunque no por eso su ropa deje de tener rasgos identificables. Es, o pretende ser, como decirlo… alternativa. Los primeros son los políticos y los patrocinadores, los nuevos mecenas (en su mayoría procedentes de entidades financieras, aunque a veces hay otras industrias representadas) y se parecen tanto unos a otros que se podrían intercambiar sin demasiados sobresaltos. Los segundos son los artistas.

Viven en mundos distintos pero últimamente se hacen tantas fotos juntos que se podrían llenar varios álbumes grandes, de esos que antiguamente contenían las fotos de los veraneos en familia. Sobre todo desde que los del equipo del traje gris han descubierto -o eso les dicen sus asesores- que fotografiarse con rockeros, pintores underground, vídeoartistas y otros ‘raros’ en general proporciona votos, siempre que haya prensa de por medio, se entiende. Lo de ‘raros’ es una forma de hablar. Los del traje oscuro se consideran a sí mismos gente normal, así que están encantados de salirse un ratito de la rutina de los papeles oficiales, los recursos y las campañas para fotografiarse con esas extrañas criaturas que, como ellos, salen en la tele pero son mucho más famosos. Luego hacen chascarrillos en casa a la hora de la cena.

Y es que el concepto de rareza es una cosa de los más relativo. Habría que preguntar a la otra parte si no alucina un rato largo con los especímenes de la fauna oficial.

En estos encuentros unos y otros tienen muy pocas cosas que contarse, sobre todo porque los del traje oscuro en el fondo no tienen ni idea de a qué se dedican esos a los que acaban de contratar con el dinero de todos, aunque todos no salgamos nunca en la foto. Con suerte tienen un hijo fan de alguno de ellos y eso les dará un crédito extra en el ámbito familiar.

Sin embargo, los que cada vez suelen estar más ausentes en estas fotos son los programadores y técnicos en general. Es decir los que sí saben -o deberían saber- a qué se dedican los raros. Y lo triste es que, como la cosa siga por estos derroteros, acabarán por no hacer falta, para mayor empobrecimiento de la cosa cultural y espectacular.

Porque estas fotos a las que me refiero solo son el aspecto externo de un fenómeno preocupante. La cultura -lo que últimamente se entiende por cultura, que es lo que hace ruido- se programa a golpe de talonario y los responsables institucionales están cayendo en manos de ávidos agentes y promotores. Bailan al mismo son. El criterio ni vende ni da votos, eso cada vez está más claro, pero no deja de ser una lástima. Se construyen contenedores, se nombra un responsable afín, se echa, si hace falta, al que tiene criterio pero no traga y a programaaaaarrrr!!!!!

¿Y los medios? Bien, gracias.

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