Dionisio/Variaciones y viajes infinitos




POR ODALIS G. PEREZ
¿Qué significan estas Variaciones que como propuesta nos ofrece el artista dominicano Dionisio de la Paz en dos fórmulas de exposición individual? La primera fue llevada a cabo en el Museo de las Casas Reales el 20 de Octubre del 2006, y la segunda empresa es la que actualmente se lleva a cabo en la Biblioteca Central Pedro Mir de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, bajo el marco “visional” de una estética de lo mítico‑figural que sigue acentuando el proceso de productividad del artista en el ámbito de su búsqueda visual, figural y neofigural.

Pero las piezas que en esta ocasión nos muestra Dionisio de la Paz, implican una línea de acentos perceptivos, donde sustancia‑forma y forma‑sentido se estiman como valores de un pensamiento artístico fluyente como tiempo y espacio de la pintura y el pintar.

Se trata, en su caso, y, tal como lo pone de manifiesto en la pieza titulada Viaje a lo infinito (Óleo/tela), de una cardinal que conduce al tramado y a la trama específica de la exposición. El artista continúa marcado por los caminos de un imaginario trascendente, y apoyado también en el cuerpo de una axiología estética particularizada en un espacio etnosimbólico, autorizado por el poder revelador de entidades artísticas micro y macronivelares.

El régimen de constitución‑involución y construcción ‑ vaciamiento de arquetipos en la forma pictórica, produce en este caso (véase, Realidades Ocultas I y Realidades Ocultas II), la cardinal significante de un mundo combinado, en el cual todo tipo de real‑modular y aural‑postmodular cualifican el nivel, la apertura, el tiempo de un imaginario establecido en su caso como puerta del sentido visual, desde la forma pictórica y en la técnica asimilada (Óleo/lienzo) como visibilidad de lo simbólico (Ver en tal sentido El pan de vida).

Sin olvidar, pues, que el artista motiva en su variedad composicional aquello que se hace visible y sensible en la interpretación, entendemos que Variaciones es una muestra individual que produce, impulsa y autoriza varios sentidos y fondos de la lectura, y de un contexto de visibilidad instruido en una estética mítica y posicional. Solamente que, lo nombrado y lo nacido allí, se va consolidando a medida que el orbi et orbe adquiere en el cuadro su tamaño, su intensidad y su concentración estético‑formacional.

El mirar‑pintar de Dionisio de la Paz acerca, aproxima al espectador a su visión e invención, para de esta manera aspirar a particularizar un plano, un cuadraje y un lenguaje de significación.

El utillaje simbólico‑formal asumido y constituido por el artista, supone también una entrada a la cardinal de sentido en el nivel de superficie y formatividad.

Sin embargo, lo importante de estas Variaciones son los acentos que el artista produce en el universo elegido como materia narrativa y simbólica. El cuadro, en este sentido, enuncia los contenidos significativos sobre la base de la escogencia y la singularización de rasgos visuales en el orden inmanente y a la vez trascendente del cuadro. Lo que nos dice, propone e indica De la Paz es su propio modo de leer, su signalética pictórica, su relato mítico y, por consiguiente, su universo de formas composicionales.

En efecto para el artista, los índices de representación aspiran a interpretar umbrales geomíticos, estadios geomorfos, fitomorfos, zoomorfos y oceánicos, tomando en cuenta la estratigrafía fantástica a partir de una metalectura del cuerpo visual, concentrado y a la vez constituido mediante fórmulas mágicas y cualificantes.

El artista induce al espectador a reconocer los caminos de un imaginario que, en muchos casos, rebasa el orden propuesto como espacio inmanente de lo pintado (véase, Todos nacemos con el pan debajo del brazo (óleo/tela)).

La interpretación que surge del contacto intersignificante o intersimbólico, motiva en los ejes de cada cuadro un relato instruido bajo diversos modos de aceptación o memorización del ser‑siendo, del pintar y lo pintado.

El artista se reconoce entonces en las entidades del cuadro (y su cuadraje), utilizando la variante iconografía como posibilidad y justificación de la búsqueda, del mirar y sobre todo, de aquello que nos mira desde la fluencia de lo figural y sus entidades.

(El autor es miembro de la Asociación Dominicana de Críticos de Arte (ADCA) y de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).

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