Diogenes Cespedes, PREMIO NACIONAL DE LITERATURA 2007


Diógenes Céspedes

Por MIGUEL PHIPPS
Tenemos aquí a Diógenes Céspedes. Tenemos en esta sala augusta del Teatro Nacional a uno de los intelectuales más brillantes con que cuenta hoy la República Dominicana. Tenemos al poeta, ensayista, narrador, académico, crítico literario, quien puso en su pie de niño pueblerino la ilustre sandalia, para encaminarse al vasto cielo de las letras dominicana. Tenemos al Premio Nacional de Literatura 2007.

Para trazar una semblanza de la vida literaria del Dr. Diógenes Céspedes, su formación y su influencia en la cultura de nuestro país, es necesario referirse a las tres etapas más importantes de su desarrollo intelectual.

La primera etapa va de 1959 a 1968. La segunda, abarca de 1969 a 1976 y, finalmente, la tercera, cubre de 1977 hasta la fecha de hoy.

No hay que decir que las últimas dos etapas son capitales, pues ambas marcan un antes y un después de su dos viajes de estudios a Besançon, primeramente, y luego a París.

Con respecto a la primera etapa, diré que se inicia cuando apenas tenía 19 años y había terminado el octavo curso en el liceo intermedio “República Argentina” de la capital. Me refiero a julio de 1959, luego de las expediciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo.

El joven Céspedes, lleno de ilusiones, llega de vacaciones a Sabana Grande de Boyá, pero la crisis económica desatada por la expedición, le impide volver a la capital a inscribirse, como era su proyecto e ilusión, en el liceo “Presidente Trujillo”, mejor conocido como La Normal, a fin de terminar su bachillerato.

Pero la historia es lo que sucede. No lo que uno quiere que suceda. A finales de ese 1959, Céspedes se dedica a reemplazar a los profesores de la escuela de Sabana Grande de Boyá que toman vacaciones y, al mismo tiempo, es nombrado, a inicio de 1960 corresponsal del periódico El Caribe en aquel pueblo distante, a unos veinte kilómetros de Monte Plata.

Menciono este hecho trivial porque tendrá una importancia en la vocación periodística y literaria de nuestro galardonado. Me explico: No bien se encontraba a gusto con el ejercicio del periodismo provincial cuando en octubre de ese año 1960 se traslada a la capital a trabajar y a continuar sus estudios de bachillerato, esta vez en el liceo nocturno “Eugenio María de Hostos”, donde terminó los estudios secundarios.

Los reportajes sobre hechos municipales y una columna de humor que mantuvo en el suplemento social del matutino en referencia, le abrieron a Céspedes las puertas para pasar a ser colaborador ocasional del suplemento literario dirigido, en ese entonces, por Don Manuel Valldeperes.

Es, pues, a partir de 1964 cuando se inician estas colaboraciones.

Las mismas fueron formando, poco a poco, la inclinación y la disciplina literaria del novel escritor. Son cuentos y ensayos ligeros sobre “el curso de la literatura dominicana”, como antetítulo de Valldeperes a los trabajos de Céspedes sobre los movimientos literarios en el país y sobre la poesía de Luis Alfredo Torres, su amigo y consejero literario hasta 1967. Esta trayectoria figura en la parte poética de su libro “Ejercicios II”, publicado por Editora Taller en 1983, obra que recoge sus primeros poemas, cuentos y otros textos.

La guerra patria de abril de 1965 produjo un impacto tremendo en Céspedes, y aunque no participó directamente en esta por las razones que nos explica en su libro “Memorias contra el olvido: Autobiografía literaria”, publicado en el 2001 por la librería La Trinitaria. En el libro que recoge sus primeros textos y al que aludí más arriba, el joven escritor muestra en el poema dedicado a Jacques Viau, así como en los textos anteriores y de postguerra, un compromiso con la realidad social del país.

Es este compromiso el que le lleva a mudarse a las páginas del suplemento cultural de “El Nacional de Ahora”, dirigido por el poeta Freddy Gatón Arce, con quien Céspedes estableció una amistad sin reservas hasta la muerte del bardo petromacorisano. El primer trabajo que Céspedes publica en este suplemento es un largo ensayo sobre las confesiones de Juan Jacobo Rousseau. Luego le siguieron varios cuentos y artículos de opinión. El joven escritor entabla esta relación con Gatón Arce desde el seno de la Escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Tampoco es ajeno a esta Universidad, en cuya Escuela de Idiomas ingresó en 1965 para realizar la licenciatura en francés, el artículo referido más arriba sobre Rousseau.

Esta etapa culmina con el activismo estudiantil que Céspedesinició en los clubes culturales, en la Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER), de la cual fue secretario de asuntos internacionales y jefe de redacción de su vocero y termina con su militancia en el 14 de Junio y en el grupo universitario Fragua. Y finaliza, efectivamente, con el viaje que Céspedes emprende en septiembre de 1969, al obtener una beca para estudiar en Besançon, metodología de la enseñanza del francés como idioma extranjero.

2. La segunda etapa

Este es un período netamente formativo en la vida literaria del joven escritor Céspedes, aunque envía esporádicamente algunas colaboraciones literarias (poemas y cuentos) al suplemento que dirige Gatón Arce. Es durante el desarrollo de sus estudios en Besançon que Céspedes, al entrar en contacto con el mundo fascinante de la lingüística y la enseñanza de la literatura en aquel alto centro docente, se apasiona por la crítica literaria, el análisis literario y los métodos de la lingüística moderna. Entra en contacto con la nueva novela francesa, con el grupo Tel Quel, con la semiología o semiótica y con el estructuralismo. Los autores que más influyeron en él en esta etapa formativa fueron Julia Kristeva, Roland Barthes, A. J. Greimas, Jean Ricardou, Roman Jakobson y los representantes más conspicuos del estructuralismo y la semiótica. En el mundo de ficción devoró todas las obras de los nuevos novelistas franceses y de los miembros del grupo Tel Quel.

El entusiasmo de Céspedes por aquellas novedades fue muy grande e influyeron en él para que se orientara, en el último año de sus estudios, a terminar su licenciatura de enseñanza del francés a fin de cumplir con lo estipulado en la beca, pero que eligiera también la realización de una licenciatura en lingüística general, la cual fue decisiva para poder inscribirse en la maestría de Estilística del Francés Literario.

Fue en el año 71-72, durante sus estudios de maestría con el finado profesor Jean Peytard, cuando el joven escritor dominicano entra en contacto con un autor, hasta ese momento desconocido para él, que le marcará para siempre, y aunque no abandona el estructuralismo en todas sus vertientes, la ideología de este movimiento sufrió una sacudida tremenda con la poética, ese nuevo discurso fundado por Henri Meschonnic. El libro que el profesor Peytard puso para discutirlo en la clase de lexicología que impartía, tenía un título común y corriente: Para la poética, y había sido publicado por la editora Gallimard en 1970. Esa lectura fue crucial para Céspedes. Quienquiera que desee saberlo, solamente tiene que hojear su primer libro, Escritos críticos, publicado por Editora Cultural Dominicana, en 1976. Es un libro que responde a los lineamientos teóricos y metodológicos aprendidos por el autor en esos tres años de formación en Besançon (es decir, estructuralismo lingüístico y literario, nueva novela, Tel Quel y semiótica), aunque alfinal del libro, en un largo artículo titulado “De la terminología”, el joven maestro ofrece a partir de la página 122 hasta la 126 los conceptos del método de la poética de Meschonnic. Hay que aclarar que este artículo fue publicado en el vespertino Ultima Hora el 25 de octubre de 1973, periódico donde Céspedes entró a trabajar en mayo de ese año como crítico literario y encargado de la fuente noticiosa ligada a la educación y la cultura.

Ni que decir tiene que en este vespertino, nuestro crítico estructuralista y semiótico desarrolló, durante un año, una de sus más fecundas campañas literarias, la cual continuó luego en la Universidad estatal cuando ganó por concurso el puesto de profesor de la asignatura “Interpretación y Análisis de la Obra Literaria”, la materia clave de la carrera de letras, ya que también se impartía opcionalmente a estudiantes de varios departamentos, tales como Psicología, Arte, Pedagogía, Filosofía y Comunicación Social.

En ese ámbito universitario, así como en las tertulias literarias que abundaban en la capital y en los foros y lugar donde se debatían los problemas culturales del país, allí estaba siempre nuestro autor, invitado a exponer sus ideas. El libro a que me he referido da una idea, aunque somera, del impacto de las teorías traídas por Céspedes, ya que por los artículos aclaratorios, los que dedica a algunas personas situadas del lado opuesto al suyo y la exposición continua de su método, se tiene una idea de la oposición, a veces violenta, que encontraron las ideas de nuestro crítico. Esto lo muestra la polémica de 1975-76 entre las nuevas ideas literarias traídas por Céspedes y el naciente movimiento llamado Pluralismo, liderado por el finado poeta Don Manuel Rueda.

Sin embargo, al final de esta etapa, es decir, hacia finales de 1976, la consolidación o por lo menos el reconocimiento de las teorías lingüísticas, semióticas y estructuralistas, estaba en pleno proceso, tal lo testimonia la carta dirigida al poeta Mateo Morrison, quien influyó bastante en el seno de la Joven Poesía para que aceptara, aunque sin compartirlas, la presencia de las ideas y los nuevos métodos literarios que se oponían tanto el materialismo histórico y su teoría literaria como al concepto burgués del arte como entretenimiento, diversión y didactismo moral.

Existe un período que no cubre el libro Escritos críticos. Se trata del activismo literario que el autor inicia al salir de Ultima Hora y que tiene lugar, ahora, de agosto del 74 hasta agosto del 77 en el espacio de la página editorial del vespertino La Noticia y en su suplemento Aquí, dirigido por el poeta Mateo Morrison. Céspedes, colega del director Silvio Herasme Peña, fue contratado como columnista del vespertino.

Desde estos dos espacios, nuestro crítico dio continuidad a su labor de difusión cultural y tanto en Ultima Hora como en La Noticia, así como en el suplemento cultural del Listín Diario, dirigido por Doña Marianne de Tolentino, se abrieron de par en par las puertas al debate de las nuevas ideas traídas de Francia por Céspedes.

Ni siquiera en la recoleta capital de los días de disputa entre el postumismo y la Poesía Sorprendida fueron tan amplios y variados los debates y polémicas que suscitaron el estructuralismo literario y lingüístico, la semiótica de Barthes y Kristeva, las ideas de la nueva novela francesa y Tel Quel entre los partidarios del realismo socialista y la estilística tradicional como los que se produjeron en ese período.

Aquellas luchas prosiguieron aún después de la partida de Céspedes a París en agosto de 1977.

3. La tercera etapa

Una nueva generación de poetas, escritores y críticos comenzó a cocerse a raíz de estos debates y polémicas que duraron desde 1973 a 1977. Poco a poco comenzaron a salir del país a realizar estudios literarios y lingüísticos un grupo de jóvenes, unos con destino a Francia (Manuel Núñez, Guillermo Piña Contreras) y otros a España, los Estados Unidos y América Latina, Cuba o Puerto Rico, producto de la campaña tenaz de Céspedes para que los jóvenes que todavía no estaban influenciados por las teorías tradicionales pudieran respirar otros aires. Así inició Céspedes esta tercera etapa de su formación y madurez literaria cuando recibió una beca de la Universidad Autónoma de Santo Domingo para realizar su doctorado en la Universidad de París VIII, mejor conocida como Vincennes, con, nada más y nada menos, que Henri Meschonnic como director de tesis, cuyas obras publicadas hasta ese 1977 ya nuestro autor las había leído.

El crítico dominicano estuvo acompañado por su esposa, Ramonina Brea, graduada en Sociología por la Universidad Autónoma de Santo Domingo y quien iba a realizar su doctorado en la misma disciplina en la Universidad Panteón-Sorbona.

Durante la estancia de tres años en el Seminario de Meschonnic, Céspedes también se había inscrito en el Seminario de Semiótica de Greimas, estudios que continuó hasta el tercer año en la Escuela Práctica de Altos Estudios. Los reglamentos universitarios no permitían la realización de dos doctorados simultáneos y en el último año Céspedes se decidió por el doctorado en literatura general, especialidad en poética, el cual terminó con la presentación de su tesis en septiembre de 1980.

El 14 de octubre, de ese mismo año, se produce el regreso de Céspedes y Ramonina Brea a Santo Domingo. Ambos inician sus actividades docentes en su respectivo departamento. Ya nuestro crítico ha dejado atrás el estructuralismo y la semiótica como métodos de análisis de textos literarios. Por la sencilla razón de que ambos, al partir de la metafísica del signo, no pueden dar cuenta de la poeticidad o valor de la obra literaria. Con los conceptos del método de la poética, que ya Céspedes le había dejado a la sociedad en su libro Escritos críticos, éste inicia una nueva batalla literaria en contra de los representantes de las mismas teorías literarias que había combatido: es decir, realismo socialista, arte burgués y estilística. Pero ahora los adversarios más enconados eran los partidarios del estructuralismo lingüístico y literario que se había entronizado no solamente en la Facultad de Humanidades de la UASD, sino que hacía furor en los demás Departamentos de Español de las otras universidades: Madre y Maestra, de Santiago e INTEC y UNPHU, en Santo Domingo. Entonces se encontró el Dr. Céspedes con el dilema de enfrentar los conceptos de un discurso que él mismo había introducido en el país, pero que ya había perdido su poder de conocimiento de su pretendido objeto de estudio: es decir, el texto literario. O sea, que se encontró la situación cómica de que se le asociaba como un crítico estructuralista cuando en realidad estaba promoviendo otro discurso cabalmente distinto y antagónico: la poética, cuyo significante mayor es el ritmo, no la forma, la cual está siempre disociada del contenido, que es el concepto fundamental de la estilística, del realismo literario y del arte burgués.

Pero la poética, que fundara Meschonnic con su texto de 1970, se abrió paso con más facilidad que el estructuralismo y la semiótica en 1973-77. La pregunta que debemos formularnos y darle respuesta es, ¿por qué ocurrió esto? Creo que se debió ¿y puedo equivocarme? a que el método de la poética es más claro en sus conceptos, más económico en su funcionamiento y los términos que usa son los del lenguaje común, pero redefinidos. Por el contrario, basta echarle un vistazo al método semiótico para espantarse con la formalización matemática de sus conceptos, muchos de estos confusos e incomprensibles para el simple mortal y el iniciado. Pero lo que pierde la especificidad del texto literario en estos métodos de análisis de textos semióticos, marxista o estilístico es la disociación entre el significante y el significado como partes indisolubles del signo, el cual es radicalmente arbitrario y radicalmente histórico, tal como lo planteó Ferdinand de Saussure.

Esta razón saussuriana es la que impide que el signo sea considerado como forma disociada del contenido y ni siquiera como unidad indisociable de la forma y el contenido. Es con los signos que se hace la obra literaria, pero esta no se reduce a signos. La lengua es un sistema de signos que el escritor emplea para hacer su obra, pero el sentido, que es lo capital en el lenguaje y en la obra como discurso, es creatividad, transformación de las ideologías de época. Esa es la nueva apuesta para las prácticas literarias del siglo XXI. Y este Premio Nacional de Literatura 2007 simboliza esta apuesta y la estrategia mayor que comporta la poética.

Céspedes ha planteado ampliamente esa estrategia desde su primer libro publicado en 1983 con el título de Seis ensayos de poética latinoamericana, su tesis doctoral, hasta el último, titulado Ensayos de lingüística, poética y cultura, publicado en el 2005, los cuales son parte de los 19 títulos que ha dado a la luz hasta el día de hoy. Y dentro de esos títulos no se cuentan dos traducciones: la primera, Para la poética, de Henri Meschonnic en 1996, en Editora de Colores; y, la segunda, la novela Las semillas de la ira, del escritor haitiano Anthony Lespès, publicada por la Fundación Cultural Dominicana en 1990.

Y, para concluir, este inolvidable momento en el que dejamos a nuestro laureado escritor en la cúspide de la literatura nacional, deseo añadir a mis primeras palabras, que tenemos ante nosotros a uno de los pensadores más consagrados y preclaros de la actualidad. Les invito, pues, a saciar la sed de la sabiduría en la fuente iluminadora de nuestro Premio Nacional de Literatura 2007, el Dr. Diógenes Céspedes.

Muchas gracias.

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