Manuel Corripio: empedernido optimista del cine dominicano



“Soy un optimista empedernido del cine dominicano”, afirma el empresario y productor cinematográfico Manuel Corripio.

Manuel Corripio, Luisito Martí y Rubén Abud intecambian ideas y experiencias durante la 1ra. Tertulia de Cultura y Cine de Listín Diario.

SANTO DOMINGO.-
Fuente: Listin Diario

Como un optimista empedernido del cine dominicano se auto definió el empresario Manuel Corripio durante la “1ra. Tertulia de Cultura y Cine del Listín Diario” en la que participaron como contertulios el reconocido humorista y productor de televisión y de cine Luisito Martí y el Ing. Rubén Abud, un distribuidor de materiales y equipos para la industria audiovisual. Vicepresidente del Grupo Corripio, productor de “La maldición del padre cardona”, socio de Ángel Muñiz en “Perico Ripiao” e inversionista en otras iniciativas fílmicas.

Manuel Corripio también es distribuidor cinematográfico y, a decir de muchos, alguien cuya presencia en los esfuerzos por levantar la industria del cine nacional es positivamente estimada. En la “1ra. Tertulia de cultura y cine del Listín Diario” celebrada el pasado martes 20 en el salón Arturo Pellerano de nuestro periódico, el empresario Manuel Corripio, el humorista Luisito Martí y el distribuidor de equipos y materiales audiovisuales Rubén Abud sostuvieron un entusiasta y enriquecedor intercambio de ideas y experiencias alrededor del cine dominicano, visto como industria, negocio y arte. Con sus propias historias y modos similares de llegar al e incluirse en el proceso del cine nacional, estos tres invitados a la “1ra Tertulia del Listín Diario” coinciden en su pasión contagiosa hacia el séptimo arte, en la visión de sus perspectivas halagüeñas y retadoras y en el anhelo de una calidad con la que esperan los filmes de República Dominicana convoquen público más allá de las fronteras locales; en su visión realista y emprendedora en los planos creativo y empresarial.

Manuel Corripio, a quien abordamos de inmediato, nos cuenta que se inició de manera fortuita en la industria: con el proyecto “Nueva Yol”, de Angel Muñiz. Inicialmente se le requería un patrocinio, insertando productos en escenas de la película. Lo pensó varios días y decidió auto proponerse como socio. Confiesa: “el filme de Muñiz resultó un excelente negocio tanto en el país como en Puerto Rico”, aunque “sólo esperaba recuperar la inversión y aprender”.

Advierte, sin embargo, que el cine es un negocio de altísimo riesgo, porque requiere de grandes inversiones que, por demás, parten de diferentes fuentes. Nos explica: se puede correr el riesgo de tener una buena idea mal realizada o, a la inversa: tener una buena realización con una mala idea o historia. En ambos casos los resultados ponen en riesgo la recuperación de la inversión. A estos se agregan riesgos mayores: para él “los problemas más serios de la industria cinematográfica están asociados a la distribución y exhibición del trabajo realizado”.

En este punto el Señor Corripio coincide con la opinión de los más connotados expertos y teóricos del cine continental, entre ellos el Secretario de Estado Audiovisual del Brasil, Señor Orlando Senna, quien en el coloquio “Cine Nacional y CoProducción en el Mercado Audiovisual Iberoamericano” realizado por la Fundación Global Democracia y Desarrollo el pasado lunes 12 de febrero, lo ponderó de imperioso, como el mayor de los retos, como la mayor dificultad. Luisito Martí sonríe y reconoce que su integración al cine fue motivada, también, por Angel Muñiz, a quien se lo agradece. Narra que se encontró a Muñiz en el Aeropuerto de Nuarc, Estados Unidos.

De inmediato Muñiz le propuso realizar una película que narrara las peripecias de los dominicanos para llegar a y vivir en Nueva York, usando a su personaje Balbuena. “Me pareció excelente la idea y allí nos despedimos”, afirma Martí para agregar: “Pensé que era una conversación más y para mí el asunto había quedad o ahí”. Al cabo “de un tiempito”, sin embargo, “Angel Muñiz me llamó para decirme que tenía el guión listo y me lo envíó. Empecé a leerlo enseguida y lo terminé a las dos de la mañana. Cogí el teléfono, lo llamé y le dije: Oye, esto está genial. Lo haremos aunque tengamos que poner los calzoncillos”. Así comenzó una alianza que dio como resultado la saga de los dos Nueva Yol, dejando experiencias y aprendizajes que Luisito rememora mirando con sus grandes ojos el techo.

“Sin embargo, lo más importante de todo lo aprendido es que supimos, sin duda alguna, supimos que cualquier película local exitosa tiene la capacidad de desplazar de la atención y del interés a cualquier película extranjera, en las salas. Y esto no se sabía. No lo sabíamos. Tampoco sabíamos cuánto podía costar la realización de una película en la República Dominicana”. Martí considera que los cineastas y los productores necesitan el empuje de la distribución internacional porque, de lograrlo, “tendríamos un cine más fuerte, podríamos arriesgarnos en proyectos más ambiciosos y de mayor inversión”. A su juicio también faltan salas de cine, sobre todo en ciudades como La Vega y Bonao donde, a pesar de poseer un público potencialmente grande, no las tienen.

Para Rubén Abud, otro aspecto que puede contribuir al impuso internacional del cine local son los festivales internacionales. “Cuando una película va a un festival internacional y es nominada o considerada, ya eso le da una importancia especial”, afirma. Dice que nuestros filmes pudieran ir y que la sola presencia les daría el empuje internacional necesario al ponernos en competencia con países que tienen historia en el cine.

Nos habla de lo cuantioso de la inversión que requiere el cine y de cómo se integró al negocio creando respuestas a los requerimientos de una industria que empezó a crecer definitivamente en el 2003, gracias al impulso que significaron los trabajos de Angel Muñiz. Para él, la industria tiene límites en el tamaño del mercado local, y por eso se hace tan imperioso pensar en ampliarlo conquistando segmentos del mercado internacional. Afirma que “los realizadores consideran seriamente la cantidad de público que hay en el país, que es muy poco”, ya que de eso depende la posibilidad de negocio.

Precisa e informa que por eso muchos prefieren la proyección que da un festival. Iniciar la exposición de los trabajos a través de los festivales demora, a su vez, el tiempo de la recuperación de la inversión, aumentando los costos financieros, nos dice. Y precisa la razón: “Ojo: una película primero va a festivales antes de presentarse públicamente en su localidad”. Esto implica, también, modificar la agenda de exhibiciones. Este aspecto, el de los festivales y distribución internacionales abre otro fascinante debate entre los contertulios.

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