La ‘geografía’ del rostro humano, según Chuck Close

La primera retrospectiva que se dedica en España a los gigantescos retratos de Chuck Close recala en el Reina Sofía.

-El artista estadounidense sigue en plena actividad a pesar de padecer una tetraplejia causada por un aneurisma.

Madrid, 6 feb. (COLPISA, Miguel Lorenci).
Lleva cuatro décadas pintando unos gigantescos retratos hiperrealistas que se disputan los mejores museos de arte contemporáneo del mundo. Unas pinturas de raíz fotográfica que se anticiparon a la era digital y que recalan ahora en el Museo Reina Sofía de Madrid, en la primera retrospectiva que se dedica en España a Chuck Close (Washington, 1940). Un artista que va camino de convertirse en leyenda y que sigue en plena actividad tras sufrir un aneurisma que le causó un tetraplejia.
El Reina Sofía reúne, hasta el siete de mayo, una treintena de obras que permiten observar las variaciones que han experimentado los retratos de Close entre 1968 y 2006. Unos impactantes retratos que son una suerte de tratados de ‘geografía’ del rostro humano.
“Close es uno de los artistas norteamericanos más importantes de todos los tiempos, todo un renovador, y es un honor tenerlo aquí por primera vez” se felicitaba la directora del Reina Sofía, Ana Martínez de Aguilar en presencia del pintor, que acudió en su silla de ruedas a la inauguración de su primera muestra española.
El artista estadounidense es célebre por sus gigantescos retratos de tres por tres metros. Se basan casi siempre en primeros planos frontales y fotográficos de rostros que reflejan cada arruga y poro del modelo.
“No me interesan las manzanas como a Cézanne, ni las botellas ni las naturalezas muertas. Mis sujetos ha sido mis amigos, mi familia, y yo mismo; no he querido cambiar en estos cuarenta años par mi propia sorpresa” explicaba Close, muy satisfecho “de exponer en un museo que admiro”. “Me da miedo y me emociona verlos reunidos. Es como si todos se reuniera para un cóctel de impredecibles consecuencias” bromeó Close, para quien un pintor es “un director de orquesta que dirige un danza ritual en el estudio y muestra luego sus cuadros, que son las escenas congeladas de esa danza”.
La técnica original de Close parte del traslado de una fotografía al lienzo previamente cuadriculado. Una técnica que ha experimentado variaciones a lo largo de las distintas etapas, consiguiendo mantener el vigor y la innovación a lo largo de los años.
Close, que se define como “un principiante perpetuo” se ligó en sus inicios al expresionismo abstracto, herencia de sus años universitarios en Yale donde se idolatraba a De Kooning y Arshile Gorky. Alcanzaría su madurez creativa a finales de los sesenta, cuando comienza a emplear la cuadrícula para transferir sus retratos fotográficos al lienzo y ampliarlos.

De lejos, de cerca

Para sus primeros retratos, en blanco y negro con acrílico, se ayuda con cuchillas de afeitar, borradores eléctricos y aerógrafos. Retrata a amigos de entonces, como Richard Serra, Francesco Clemnte, o Philip Glass, hoy figuras universales.
A cierta distancia, sus imágenes mantienen una sorprendente veracidad fotográfica. De cerca, se llenan de miles de manchas neutras resultantes de un proceso aparentemente abstracto.
“Close había subvertido la abstracción transformándola en figuración y preparó el terreno para lo que hoy conocemos como postmodernismo” asegura el comisario de la muestra y agente de Close durante décadas, Klaus Kertess.
En los setenta Close introduce el color, profundiza en su diálogo con la fotografía y opta por imitar el proceso mecánico mediante capas independientes de colores primarios para obtener un espectro cromático completo. Con este dificultoso método de pintar capa a capa —roja, amarilla y azul— alcanzó el dominio del color.
Usa también bolas de papel en distintos tonos de gris con los que sustituye la pincelada, y hasta la impresión de su huellas digital sin traicionar nunca el parecido con los modelo, que ahora halla en propia familia.
En los noventa va más allá en su experimentación con las cuadrículas, e introduce en cada una de ellas pinturas abstractas en miniatura de colores brillantes como fucsia, mostaza, violeta o turquesa. De nuevo, si observamos a cierta distancia esos centenares de coloristas formas abstractas vemos como se combinan para conformar un retrato de gran minuciosidad en el detalle y de un impresionante realismo fotográfico.
Doctorado en Bellas Artes en la Universidad de Yale en los sesenta, Close amplió estudios en Viena. Fue profesor de Arte en Massachussets antes de instalarse en Nueva York, donde inició una andadura plástica que le ha dado fama internacional.
Un aneurisma le provocó una tetraplejia a finales de los ochenta y puso en peligro la continuidad de su carrera. Decidido a continuar, superó su discapacidad y aprendió a pintar con una férula ortopédica en la mano, consiguiendo que las pinturas creadas en los 90 parezcan la continuación natural de las iniciadas en 1987.

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