Retratos del presente


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A la izquierda, las dos figuras del suizo Stefan Hablützel. A la derecha, fotografía de Susy Gómez.


GIJON
La exposición «Imagen e identidad» muestra por primera vez en Asturias fondos artísticos de la Caixa a través de once creadores internacionales contemporáneos

J. C. GEA

El género del retrato y a través de él temas como la identidad o las fronteras entre realidad y ficción son el hilo conductor de las once piezas que integran la exposición «Imagen e identidad», un extraordinario recorrido por los avatares del retrato en el arte contemporáneo a partir de piezas de la colección de la Fundación la Caixa y en formatos como la fotografía, la instalación y la videoinstalación. La muestra, que se inauguró ayer en el antiguo Instituto Jovellanos, reúne las innovadoras aproximaciones al género de Christian Boltanski, Gillian Wearing, Cindy Sherman, Sam Taylor-Wood, Pedro Mora, Günther Forg, Susy Gómez, Craigie Horsfield, Óscar Muñoz, Bruce Nauman, Carlos Pazos y Stefan Hablutzel.

Aunque es habitual ver producciones de la Caixa en la programación de la Fundación de Cultura, merced a la colaboración entre ambas entidades, se trata de la primera vez en que se exhiben en Asturias fondos de la prestigiosa -y pionera- colección, que se inició en 1984 y que atesora más de 900 obras. Así lo recordó ayer la comisaria de la exposición, Nimfa Bisbe, a quien acompañaron en el recorrido inaugural la concejala de Cultura, Mercedes Álvarez, y los responsables regionales de la Caixa, que firmarán un convenio con el Principado para la realización de actividades sociales y culturales por valor de cuatro millones de euros.

La sala principal de exposiciones del Antiguo Instituto ha sido dividida en dos áreas para repartir los contenidos bajo dos grandes bloques: uno que Bisbe describió invocando la noción de «máscara», por su juego entre la realidad y la ficción, la representación de la realidad y su manipulación ilusionista, y otra en el que se exponen las piezas que enfocan el retrato desde una perspectiva más «social, psicológica o existencial».

En el primer bloque destacan la tres piezas de la pionera Cindy Sherman, que fue una de las primeras en abrir caminos hacia la ficción a través de la fotografía. En su trabajo más impactante en «Imagen e identidad», Sherman se fotografía a sí misma según la imaginería clásica de Judith con la cabeza de Holofernes, pero poniendo el énfasis en la teatralidad y la simulación. También se fotografía a sí misma, pero sorprendentemente disfrazada de sus supuestos familiares, Gillian Wearing, jugando así con la noción de la identidad genética y la impostación de la identidad.

Impactan igualmente las dos esculturas de vocación fotorrealista y a la vez pictórica del suizo Stefan Hablutzel, que une las figuras de su abuelo y su padre a la edad de 30 años, mostrando de modo hiperrealista la coincidencia, físicamente imposible, de dos hombres separados por el tiempo.

El francés Christian Boltanski presenta una sobrecogedora instalación que ocupa una sala completa en la que, a base de fotografiar fotografías publicadas en la revista «El Caso» en los años ochenta, muestra cómo el paso del tiempo y la memoria borran los perfiles de los rostros y su identidad.

Cerrando este recorrido, la británica Sam Taylor-Wood escenifica su visión del tedio burgués a través de una videoinstalación donde cuatro jóvenes en actitud aburrida ejecutan un «playback» de la desgarradora ópera de Strauss «Electra».

El otro apartado reúne innovadoras aportaciones al retrato fotográfico de Günther Forg, Susy Gómez, Craigie Horsfield o el catalán Carlos Pazos, y otra espectacular pieza de Sam Taylor-Wood que combina fotografía e instalación, y en la que la británica fotografió panorámicamente una familia en su vivienda de alto «standing» mediante una cámara girando sobre sí misma 360 grados. El objetivo, de nuevo: captar el tedio contemporáneo.

Finalmente, destacan en esta sección dos videoinstalaciones: la del reputado Bruce Nauman y la del colombiano Óscar Muñoz. El primero filma a dos personas recitando un texto elemental sobre la cotidianidad humana, pasando alternativamente de la bonanza a la ira; el segundo, materializa la fragilidad de la identidad a través de su propio intento imposible por trazar un autorretrato con agua sobre una piedra expuesta al sol.

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