El mundo del periodismo y de la cultura llora la muerte de Ryszard Kapuscinski

El prestigioso escritor y periodista polaco falleció ayer aquejado de una grave enfermedad La muerte, anoche en Varsovia, del escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski ha conciliado opiniones de destacados miembros del oficio periodístico y del mundo de la cultura, quienes resaltan de este reportero el haber sido “referente moral” del periodismo, en cuyas redacciones valoraba, sobre todo, el ser “buena persona”.

El escritor polaco Ryszard Kapuscinski
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El escritor polaco Ryszard Kapuscinski– CARLES RIBAS

El filósofo Fernando Savater ha lamentado la muerte de Kapuscinski, a quien ha calificado de “gran humanista” en las páginas del rotativo mexicano Reforma.

El director de la Fundación Príncipe de Asturias, Graciano García, quien mantenía una “maravillosa

relación” con el periodista y escritor polaco, ha recordado con emoción “una frase que jamás se me olvidara: que para ser periodista hay que ser buena persona ante todo”.

De “enorme pérdida” ha calificado el presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), Fernando González Urbaneja, la muerte del escritor polaco.

Una grave enfermedad

El escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski ha fallecido en Varsovia a los 75 años. Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003, era uno de los grandes maestros del periodismo moderno y el autor polaco más traducido y publicado en el extranjero. El escritor, que sufría una grave enfermedad, fue sometido a una complicada operación el pasado sábado.

Kapuscinski nació el 4 de marzo de 1932 en Pinsk (Bielorusia) y era licenciado en Historia. Con 17 años se inició en el periodismo en la revista Hoy y mañana, pero se forjó como profesional en la agencia de noticias polaca PAP, para la que trabajó de reportero durante 30 años (1958-1981). Durante ese tiempo fue testigo de multitud de acontecimientos mundiales, como los numerosos cambios políticos de países del Tercer Mundo. Desde Angola hasta el antiguo Zaire (hoy República Democrática del Congo), cubrió la descolonización y la consiguiente independencia en el Tercer Mundo. También asistió a la caída del régimen democrático chileno en 1973 y a la revolución islámica de Irán en 1979.

En su dilatada carrera presenció 27 revoluciones, vivió 12 frentes de guerra y fue condenado cuatro veces a ser fusilado. Harto de la censura polaca, a partir de la década de los 80 empezó a colaborar con periódicos y revistas internacionales, como The New York Times o Frankfurter Allgemeine Zeitung, a la vez que se introducía de lleno en el campo literario a través del gran reportaje.

Mejor periodista polaco del siglo XX

El que fue elegido en 1999 mejor periodista polaco del siglo XX y distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003 tiene una veintena de libros publicados. Se estrenó como autor con Bus po polsku (1962), pero el primero de importancia fue El emperador (1978, en castellano en 1989), sobre la caída del trono de Haile Selassie en Etiopía en 1974, considerado uno de sus mejores reportajes. Siguieron El Sha o la desmesura del poderLa guerra del fútbol y otros personajes (1992), Imperio (1993) -sobre la extinta URSS- y Ébano (1998), -ambiciosa radiografía del continente negro-, dos de sus reportajes cumbre. Luego publicó Los cínicos no sirven para este oficio (2000) -recopilación de conferencias en la que responde a las preguntas de alumnos de periodismo-, Desde África (2001) y, en edición no venal, Los cinco sentidos del periodista (2003), el libro-taller de la Fundación para un Nuevo Periodismo Latinoamericano (FNPI, 2004). (1987) -crónica del régimen despótico del monarca iraní Reza Pahlevi-,

En 2004 expuso una muestra fotográfica propia en el pabellón de Europa instalado en la Feria del Libro de Madrid titulada África en la mirada, una selección de cuatro décadas de viajes por el continente negro de Kapuscinski, que reveló una faceta menos conocida.

En ese mismo año fue galardonado con el Premio Bruno Kreisky para libros políticos de Austria y doctorado honoris causa en 2005 por la Universidad catalana Ramón Llull. Dedicó los últimos años de su vida a viajar, impartir conferencias y reflexionar sobre el proceso de la globalización y sus consecuencias para la civilización humana. Además continuó escribiendo libros en su casa de Varsovia, donde fijó su última residencia.

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