El IVAM recorre diez años de abstracción y miradas al paisaje en la obra de Sanleón

El IVAM recorre diez años de abstracción y miradas al paisaje en la obra de Sanleón
El museo inaugura hoy una retrospectiva del creador valenciano que incluye 107 obras. «El artista que cree que no se equivoca, difícilmente puede ser un buen pintor», afirma

J. R. S., Valencia
El paisaje ha viajado unido a la obra de José Sanleón. Con diferente técnica, distinta mirada o soporte. Pero siempre ha estado ahí. Desde la abstracción al arte povera. Un paisaje que, ahora, en la retrospectiva dedicada al artista de Catarroja que hoy inaugura el IVAM, se descubre en toda su extensión.
Son diez años de producción. Los últimos. Y da la sensación de que, artísticamente, esta muestra arranca allá donde murió la que exhibió en el Centre del Carmen durante su etapa como segunda sede del museo valenciano. Aunque el recorrido, en este caso, se inicie en el paisaje de Manhattan con sus homenajes a Brancusi, Giotto, Van Gogh…, los autorretratos, guiños a Velázquez e imágenes familiares y bajo el influjo de Rauschenberg, y concluya en una albufera redescubierta en color negro y desconstruida también en 32 grandes piezas de detalle con su particular mirada a la marjal.
Diez años hace también que Sanleón no exponía en Valencia. No es un artista dado a las exposiciones comerciales. También han pasado años, aunque quede en la retina, del acto de destrucción de la escultura El esclavo a las propias puertas del museo como reacción ante el rechazo de su obra por parte de la entonces dirección del centro.
Un hecho que ahora Sanleón dice tener en el olvido. «Todo aquello- afirmaba ayer-forma parte del pasado y a mí me gusta pensar en el futuro», comentaba.
107 obras- la gran mayoría de gran formato- reúne esta muestra que, por circunstancias, ha dejado a un lado su producción escultórica. No porque, como reconocía ayer el artista, haga distinciones entre pintura y escultura más allá de ser diferentes métodos de trabajo, sino porque la muestra en sí tenía un planteamiento de base más uniforme.
La exposición está repartida en cinco salas de la galería superior del IVAM. Cada una de ellas está dedicada casi de forma monográfica a un período concreto o a una etapa de producción.
Si bien en la primera sala aún se mantienen alguna pieza sobre lonas, lo que descubre es su trabajo de collage de gran formato con la fotografía, la serigrafía y el uso de la madera como referencias. Es la etapa en la que Manhattan aparece, como en otras ocasiones lo pudo hacer Roma. La segunda recoge aspectos de lo que dio en llamar El Juicio Final. Quizás sea su época reciente más convulsa ya que coincide con la campaña mediática lanzada contra su obra El esclavo. Es aquí donde se muestra a un artista que trata de sacar sus demonios sobre el papel de forma más impulsiva y que acaba poniendo punto final al pasado. Es una especie de ajuste de cuentas. Gran parte de esa ideas están recogidas en una especie de manifiesto personal donde se reivindica como persona y artista y que aparece semiescondido entre cuadros, dibujos, montajes de collage fotográfico o pequeños paisajes sobre tela. El demonio queda presente, pero también sometido. Es una sala que esconde infinidad de guiños al pasado y pone la primera piedra hacia otro presente.
La tercera de ellas se encuentra a un artista de paisaje rectilíneo pero al mismo tiempo explosivo, por un lado, y muy reflexivo y sereno, por otro. Del papel ha pasado al lienzo. Son cuadros de color y fuerza que hacen dar el salto hacia una cuarta estancia igual de inquieta, muy abstracta, casi topándose de lleno con la Escuela de Nueva York y el Expresionismo Abstracto, poderosa en cuanto a tamaños y búsquedas.
El recorrido concluye con su obra más reciente. Para ésta ha creado un gran panel de 32 óleos individuales pero que en su conjunto compondrían su mirada a la Albufera. Una Albufera que en su conjunto pinta en negro y no desde una gran altura. En la que se podría decir desaparece la pincelada. La chispa saltó tras un paseo por la tranquilidad del puerto de Catarroja huyendo del agobio del estudio.
El comisario de la muestra, Fernando Castro, definía ayer la obra de Sanleón como una producción de búsqueda e inconformista y al pintor, como un artista autoexigente que sólo aspira a superar su nivel de crítica y cuya obra dialoga con la tradición de la pintura y supera «la abstracción vacía. Esta es una exposición llena de emociones», dijo.
El propio Sanleón reconoció ser un artista que no se conforma con su trabajo y por ello destruye continuamente su obra. «Cuando destruyes estás al mismo tiempo reconstruyendo y cuando creas también destruyes. Mucha gente no sabe que detrás de muchos cuadros de la exposición del Carmen había otras obras escondidas. El artista que cree que no se equivoca, difícilmente es un buen pintor», añadió.
La directora del IVAM, Consuelo Ciscar, subrayó que Sanleón tiene una concepción de la pintura «como territorio en continua mutación y expansión» y «la entiende como una experiencia vital».

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