Nacho Suarez Blanco. Pintor

«Antes pensaba que pintar era sufrir, pero ahora creo que significa disfrutar»
«La muestra me ha servido para ver mis cuadros de otra forma», afirma el artista, que expone hasta el día 30 en la Casa de Cultura
CHRISTIAN BARTSCH/AVILÉS
«Antes pensaba que pintar era sufrir, pero ahora creo que significa disfrutar»
ARTISTA. Nacho Suárez, ante la obra titulada ‘Éntrate’. / MARIETA

Responde a las preguntas con la seguridad que le da, además de su juventud, el hecho de haber encontrado el camino por el que quiere dirigir sus pasos. El artista avilesino Nacho Suárez Blanco expone en la Casa Municipal de Cultura su primera muestra individual en la ciudad, ‘Éntrate’, que permanecerá abierta hasta el día 30.

-¿Qué balance hace de la exposición?

-Me ha servido, en primer lugar, para ver los cuadros, comprobar su colocación y aprender. Es una experiencia positiva para uno mismo, para saber si la gente se ha enterado de lo que quieres contar.

-No es lo mismo ver la obra expuesta que en el taller…

-Claro, incluso por la iluminación. Hay colores que yo antes no veía. En el taller no aprecias el límite del cuadro, y aquí lo ves ya montado y te sirve para verlo de una manera práctica. Te das cuenta más rápido de lo que has hecho.

-Comenzó muy joven.

-Sí, empecé a clase con Carmen Rico, con la que estuve cinco años. Luego seguí con Encarnación Domingo, con la que estuve sólo un año pero aprendí mucho. Con ella comencé a pintar en casa y a trabajar mis ‘paranoias’. Aún no manejaba bien la técnica, pero sí desarrollaba historias casi surrealistas. Incluso ahora, cuando enseño la obra de entonces a mis compañeros, aprecian que aquello se ve en esta exposición, aunque aquí sí está depurado. Es la satisfacción de saber por dónde vas.

-¿Recuerda su primer cuadro?

-Más que el primero en sí, recuerdo el primero que tuvo un poco de sentido, con el que disfruté y me dije: «sí, esto es pintura». Era un cuadro de dimensiones ya importantes, con colores muy primarios, mucho negro y mucho rojo. Fue mi primera experiencia pictórica grata, sin efectismos. Y le tengo cariño por eso, porque no tenía pretensiones.

-¿Ya sabía cuando lo pintó que la pintura iba a ser su vida?

-En ese momento estudiaba el bachillerato de ciencias. Tenía 16 años. Estaba seguro de que sí podía dibujar, pero me interesaba la historia de la Física. Pero lo pasé mal porque, además, quería seguir pintando. Entonces daba clases con Encarnación Domingo. Luego, cuando empecé segundo comencé a clases con Santarúa, que me ayudó a afrontar el examen de acceso.

-Ahora cursa cuarto de Bellas Artes en Salamanca. ¿Cómo ha vivido su experiencia universitaria?

-En primero estaba muy perdido, porque llegas allí y te ves un poco solo. Lo más serio vino a partir de tercero, aunque segundo me sirvió también mucho, fue clave para la gama que estoy usando ahora de grises. Pero cuando más aprendí fue el año pasado con el profesor Julio Martín, con el que me entiendo muy bien. Ahora en cuarto me vuelve a dar una asignatura y ya me deja más libertad.

-En la introducción de su exposición en los ‘Papeles’ de la Casa de Cultura cita a autores como Nietzsche, Brossa o Bukowski, de una visión muy radical sobre la naturaleza del hombre. ¿Por qué los eligió?

-Cuando leí la presentación del libro de Joan Brossa ‘Em va fer Joan Brossa’ a cargo del poeta brasileño Joao Cabral de Melo, sentí como si se dirigiera a mí. Había encontrado a alguien que había escrito algo con lo que me identificaba totalmente. En la vida igual no puedes ser tan radical como estos autores, pero sí en tu obra. Una cosa que me decía Julio Martín sobre toda la gama que yo usaba y cómo la usaba, era que si la radicalizaba a tope nadie iba a poder meter el dedo en mi pintura porque ya quedaba bastante densa. Lo comparaba con una fabada, pero sin caldo. Pero yo siempre digo que tengo que ser todavía más radical, y si hay una dualidad, representarla con más fidelidad: esta es una cosa y esta es otra, y que se integren no porque las dos sean parte de lo mismo, sino porque sean diferentes..

-Y en este punto, ¿puede definir su visión de la obra pictórica?

-¿Uf! En todo caso respondería lo que decía Picasso: «si lo supiera no pintaba más». Para mí, lo más importante es encontrar la manera de trabajar. Antes, cuando iba a clases pensaba que pintar es sufrir.- Pero ahora eso se ha vuelto más frívolo, se trata de disfrutar de una manera inconsciente. Ahora sí estoy cómodo. Si trabajo más a gusto sobre una madera que sobre una tela, ¿por qué voy a complicarme trabajando en tela? Es encontrarte a ti mismo en el material.

-¿Cómo se plantea su futuro?

-Creo que Salamanca aún tiene cosas que aportarme. Ahora, cuando acabe la carrera ya es otra historia, porque hay que ganarse la vida. Si entonces no me sale algo más serio, no me importaría dar clases, pero que lo primero siempre sea pintar. Yo creo que sólo se puede trabajar a gusto estando tranquilo. No necesito el trastorno para dibujarlo.

-También ha hecho sus pinitos en la fotografía.

-El año pasado sólo hacía fotografía analógica. Las imprimía grandes para poder después pintar sobre ellas. Era una experimentación que luego me valía para los cuadros, para hacer bocetos o incluso incluir las fotos en la obra como algo anecdótico. Este año estoy haciendo fotografía pura, y me estoy dando cuenta de que no tengo la visión de un fotógrafo, sino la de un pintor que busca fotografías cercanas a la pintura.

-¿Cuál es su opinión sobre la aplicación de las nuevas tecnologías a las artes plásticas?

-Yo soy muy limitado con las nuevas tecnologías. Y es raro, porque mi padre es un ‘crack’. Yo las utilizo de una manera casi inconsciente, con ocurrencias como querer escanear un alambre, ¿con el cuidado que tiene mi padre con el cristal! Esa ignorancia a veces te lleva a hacer barbaridades, pero creo que no hay error cuando en realidad no sabes lo que haces. Las nuevas tecnologías son un lenguaje más, que ahora mismo no necesito pero al que no estoy cerrado.

-¿Cómo ve el panorama artístico avilesino?

-Creo que hay un apalancamiento tremendo, y se ve en los certámenes regionales. No tengo nada en contra de compañeros que son seleccionados siempre, pero les diría que se están gustando. Siempre son los mismos, y las galerías no arriesgan. Se necesitan argumentos de autoridad, no existe un ojo crítico que diga «éste es bueno», haya ganado o no un premio.

-¿Y la presencia del arte en la calle?

-Tengo amigos muy buenos con el graffiti, pero no tienen un muro en la ciudad para pintar. ¿Qué pasaría si una noche saltásemos el muro del Ferrera y decorásemos las papeleras con pintas de color para animar un poco la historia? El otro día me fijé que el monumento ‘Avilés’ en la ría tenía una pintada sobre la que que había caído el óxido, integrándola en la obra. Hay que abrirse a eso, a lo que pueda pasar, al azar.

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