Tiempo de Navidad, fotografía e intercambio cultural

Juan Guzman
Diciembre 25, 2006. 12.19 p.m.
En la tradición de nuestros pueblos Navidad siempre ha sido época de calor humano y de una actitud manifiesta de descenso de nuestra vigilia permanente ante la vida misma para darnos en donación simple al ambiente familiar y al vecindario.
Nuestras raices culturales, procedentes del Judeo-Cristianismo nos muestras un camino, una historia, un momento. Apice indiscutible de nuestra esperanza en un mundo regularmente cargado de tensiones, sorpresas y de una tendencia aparente a la derrota de la dinámica individual y social de crecimiento, desarrollo y explendor humano.
Así las cosas, asistimos a un escenario donde parece que todo está perdido y se nos vende la idea de que nuestras aspiraciones e ilusiones eran cosa de otro tiempo, de otras inocentes generaciones arropadas por un infantilismo adormecido por el influjo de grandes poderes que pretendieron hacer marchar las cosas a su modo. Pero no, el camino de la humanidad está marcado por un mensaje manifiesto en éste precioso tiempo donde a traves de los medios mismos que denotan la calidad emotiva y el caracter trascendente de la memoria, se comparte, de forma global, una vision y sentimientos adheridos a las tradiciones más ricas en la concepción de que el tiempo de adviento es un tiempo de esperanza.
Diferencias culturales de seguro que prevalecen , es muy natural en un planeta plurifacético en raices y costumbres. Aún así, los pueblos no se equivocan en sus ancias particulares y colectivas y con la excepción de aquellos que pretenden poseer la fuerza del dominio de la conciencia colectiva, independientemente de las diferencias, las grandes culturas reconocen unas y otras sus momentos relavantes, trascendentes y respetan y celebran el júbilo humano.
La fotografía y la red han resultado de hermoso campo de expresión de ese tono colectivista, así en los desastres de nuestros tiempos como en las expresiones ancestrales que cada cultura trae consigo y la navidad no escapa a ello. Ya libre de la comercialización de las fiestas, queda el remanente cierto de las manifestaciones típicas de cada región o pueblo que nos indican que es el tiempo de la alegria profunda y de la esperanza callada en el sentido y mensaje de un signo que marco el sender de nuestra historia colectiva como cultura.

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