Artistas a la escuela

El flautista mexicano Horacio Franco se presentó en escuelas públicas del Centro Histórico como parte de un programa que busca acercar las artes a los niños


Lucina Jiménez López
El Universal
Viernes 22 de diciembre de 2006

“Imagínense que están en un gran teatro, el telón se va a abrir”. Así anunció una maestra de aula a Horacio Franco, quien se presentaba en concierto, en la Escuela República de Panamá, donde actuó ante un auditorio selecto compuesto por los niños y niñas de una de las escuelas del Centro Histórico de la ciudad de México. De inmediato, las manitas comenzaron a aplaudir, era la manifestación de entusiasmo de quien espera algo mágico. Muchos de ellos estaban por primera vez frente a un gran artista.

Horacio Franco, uno de los flautistas más destacados a nivel internacional, inauguró esta semana el programa Artistas a la escuela, instituido por el Consorcio Internacional Arte y Escuela A.C., en coordinación con la SEP, a través de la Administración Federal de los Servicios Educativos en el Distrito Federal y la Dirección General de Innovación Educativa.

Durante dos días, Horacio Franco intercambió música, diálogos y sueños con más de 500 estudiantes de primaria y secundaria donde opera el programa Aprender con Danza, el cual fue instituido durante el ciclo escolar 2006-2007 en 10 escuelas primarias y secundarias del Centro Histórico, por ambas entidades Con Arte A.C. y la SEP.

Con su juego de flautas en la mano y un espíritu artístico incansable, Horacio Franco recorrió a pie las saturadas calles decembrinas del Centro Histórico para ir y venir de una a otra escuela donde ya lo esperaban en los patios cientos de niños y niñas. El ambiente era de fiesta. Los estudiantes, sentados alrededor del artista escuchaban asombrados la maestría de la interpretación de las diferentes flautas que, a su llegada, Franco formó en fila de manera cuidadosa, procurando que el sol no les cayera directamente. El repertorio fue de Bach a Daniel Catán, pasando por la música antigua y en menor medida, por la música popular mexicana.

Experimentado en el trabajo de concierto en las escuelas públicas de Nueva York, para Horacio Franco cualquier contexto conduce irremediablemente a la música. Al llegar a la Escuela República de Panamá, pidió a los niños que distinguieran el sonido de los pájaros del ruido de un helicóptero que sobrevolaba la zona. De ahí transitó hacia una pieza de música antigua en la cual el sonido de los pájaros es el personaje principal. Esta pieza, les dijo, tiene más de 400 años. Los niños lo miraban intrigados. Poco a poco se fueron concentrando en el sonido de las diversas flautas tocadas con maestría, con infinidad de matices.

La más pequeña de las flautas despertó las simpatías de cientos de niños y niñas que no paraban de reír al mirarla. Sólo su sonido pudo acallar las carcajadas de niños y niñas que miraban al músico transitar de la flauta alto, tenor, de la flauta de madera a la de marfil. Igual les habló de las diferentes maderas, de la flauta de olivo o la de granadilla, de la flauta transversa o de la quena peruana. La flauta dulce hizo su aparición también. Horacio estableció de entrada la diferencia entre el sonido desafinado del Himno a la alegría que todos los niños de secundaria tocan en sus clases de música, respecto de un repertorio clásico, barroco o popular. Los jóvenes se miraban unos a otros.

Con ello cumplía la promesa hecha al hablarle la primera vez de la creación de Con Arte A.C., de la cual Franco es miembro del Consejo Consultivo Honorario, al igual que otros muchos destacados artistas y escritores: Francisco Toledo, Ana Lara, Silvia Molina, Francisco Hinojosa, Sabina Berman, Manuel y Meche Felguérez, Fernando Llanos, Cecilia Lugo, Gabriela Medina, Arturo y Marisa Lara, Mónica Mayer, entre otros. Horacio propuso cambiar la imagen a los estudiantes de secundaria de qué implica tocar la flauta, de tal suerte que con su flauta dulce también logró impactar a aquellos muchachos que en sus mochilas guardaban uno de esos instrumentos.

El diálogo entre los estudiantes y el artista fluía entre pieza y pieza. ¿Es difícil aprender a tocar? ¿Cuánto tiempo has estudiando música? ¿A qué edad comenzaste a estudiar la flauta? ¿Cuál es la diferencia entre una y otra flauta? ¿Cómo es la respiración para tocar la flauta? ¿Se puede aprender a tocar varios instrumentos musicales o sólo uno?

No faltó aquel niño, por cierto de primaria, quien a la pregunta de Horacio de a quién no le gustó el concierto, respondió que a él porque muchas veces le pegaban con una flauta. Por cierto, no dijo quién. En la primaria no estudian flauta.

La experiencia de la escuela

Los conciertos, realizados en los patios de la escuela, contaron con la presencia de padres de familia, maestros y alumnos, todos ellos asombrados ante la energía vital del artista y la sencillez de su lenguaje, la franqueza en la comunicación. En el clima de confianza creado por el artista, no faltó el estudiante de secundaria que le preguntara: Horacio, ¿si eres tan famoso y has viajado por todos esos países, por qué viniste a tocar al patio de esta escuela?

Franco narró que él había estudiado en una escuela secundaria pública y cómo nació su interés por la música cuando, a los 11 años, pudo por primera vez estudiar la flauta. A mí me gustaba el piano, dijo, pero como no tenía piano y mis papás no sabían nada de música, me encontré con la flauta y a ella me he dedicado. Cualquier instrumento tiene su reto y su dificultad, pero también encierra la riqueza de la música.

Compartió con los estudiantes que en una secundaria pública comprendió que la música era lo suyo. A los 13 años empezó sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música, donde tampoco existía la carrera de flautista. Desde entonces, durante 30 años se ha dedicado a la música y especialmente a la flauta, instrumento con el cual ha recorrido diversos países y continentes.

Los artistas de la música y de la danza, dijo a los estudiantes, “necesitan empezar a estudiar muy jóvenes, cuando los huesos y los músculos todavía están flexibles y se pueden adaptar”. Luego de hablarles de la dignidad y profesionalismo con el que deben ejercerse todas las profesiones, no dudó en reivindicar la del artista, la del músico, la cual, les dijo, es tan respetable y tan importante como cualquier otra. Es natural que a veces los padres de familia no quieran que sus hijos estudien música, dijo, porque se piensa que no podrá vivir de esa profesión. “No tengan miedo de dedicarse a la música, comentó, se puede vivir de ella y hacer lo que más se quiere si la profesión de músico se ejerce con calidad, con responsabilidad, con compromiso.”

Examen de pasadita

Horacio puso a prueba los conocimientos de geografía de los niños y niñas, pues al hacer el recorrido por su formación musical, los fue interrogando respecto de países y continentes. Lo mismo hizo con algunas habilidades matemáticas, al compartir con los niños el año de fallecimiento de Johann Sebastian Bach, uno de sus compositores favoritos.

El artista puso énfasis en la escucha de la música. Los tonos agudos, los graves, la velocidad, el ritmo. Igualmente hizo uso de otros recursos pedagógicos: la música que evoca al perrito triste que se ha perdido, o aquella que evoca la felicidad del animalito recuperado. Eran las Sonatas de Bach. La música emanaba de sus flautas sin concesiones, Franco tocó el mismo repertorio que interpreta en una sala de concierto, rompiendo con el mito de que a la gente hay que darle algo “digerible”.

Sin conceder en la disciplina, no dudó en pedirles silencio en los momentos necesarios. Con absoluta seguridad, dijo a los alumnos de primaria de la Escuela República de Panamá, todos vestidos de pastores y de diablos, “ustedes me avisan cuando quieran que empiece”. “¡Yaaaaa!”, gritaron al unísono.

Cuatro fueron las escuelas visitadas: la Secundaria No. 1, la Secundaria No. 6, la Escuela Primaria Rodolfo Menéndez y la Escuela Primaria República de Panamá, en donde trabajó con los jóvenes en torno de sus experiencias con la música y el repertorio que suele interpretar.

La larga fila de fans

El concierto del pasado lunes terminó con una larga fila de niños y niñas que querían acercársele, tocarlo, abrazarlo. Frente a la vasta demanda de estudiantes, maestros y padres de familia, la tinta de la pluma se dio por vencida. Los autógrafos no se detuvieron ahí. Algunas niñas le pidieron su teléfono, otras querían saber dónde consigue esas flautas, otras hacían planes de cuál flauta tocarían cuando fueran grandes. “A mí me gustó más la grande porque suena triste y ella te puede acompañar cuando te sientes solo.” Franco había interpretado el Preludio de Bach.

Con este nuevo programa de Arte en la Escuela, Con Arte A.C. cierra su programa 2006, cumpliendo una misión: apoyar la educación artística en la escuela pública, una tarea que contribuye a fomentar la equidad, a desdibujar las fronteras de desigualdad que rodean las escuelas de las zonas marginales, a generar condiciones de acceso a la formación artística, a la apertura de una nueva ventana de esperanza en la vida escolar de cientos de niños y niñas de escuelas de escasos recursos, pero cuya sed de aprendizaje y de transformación de su educación, es patente en cada paso. Para Horacio Franco, estos conciertos forman parte también de su compromiso con el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

Despertar la sensibilidad

En este breve comienzo del programa, Con Arte pudo constatar el enorme interés de muchos grupos artísticos de “volver a las raíces”, y de entrar en contacto con las escuelas. En este breve comienzo del programa participaron también los grupos Violonchelo de colores y Kumantic, de son jarocho, quienes pusieron a los jóvenes y a sus maestros a bailar un zapateado con todo y tarima. En el futuro, se incorporarán otras artes, como la danza, el teatro, las artes plásticas, la fotografía, el video y el cine.

El objetivo de este programa es contribuir a reducir la brecha entre el arte y las escuelas públicas, al desarrollo de sensibilidad artística y estética de los niños y niñas en edad escolar, de sus maestros y maestras, a la vez que contribuye al desarrollo de públicos para las artes, uno de los retos más significativos de las políticas culturales del siglo XXI.

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