Todo es igual a nada. Crítica sobre la Bienal publicada en el suplemento cultural de ABC el sábado 16 de diciembre

Reproducimos esta crítica sobre la Bienal de Juan Antonio Álvarez Reyes publicada en el suplemento cultural de ABC el pasado sábado 16 de diciembre en la página 37. Colgado en www.abc.es/abcd/noticia.asp

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TODO ES IGUAL A NADA

Por Juan Antonio Álvarez Reyes.

Vivimos en la sociedad del riesgo, donde el colapso es una seria posibilidad. Ulrich Beck así lo ha teorizado, afirmando que los peligros ecológicos no han sido apreciados como síntomas, pese a sus preocupantes señales, hasta después de que se hayan producido algunas de sus graves consecuencias, como, por ejemplo, la desaparición de una ciudad bajo las aguas ante la impotencia de un Estado cuyas bases de intervención y solidaridad han sido desmanteladas por la ideología «neocon».

Recientemente ha sido reeditado un libro fundamental que lanzó la idea de la sostenibilidad: Los límites del crecimiento, un trabajo liderado por un grupo de investigadores del Massachusetts Institute of Technology, en el que allá por los años 70 ya advertían que de seguir las constantes de crecimiento industrial, poblacional, de contaminación, destrucción y ocupación del medio natural? El planeta alcanzaría sus límites en cien años. Según esas previsiones iniciales -que en la revisión publicada en España este año son sustancialmente reducidas- no falta mucho tiempo para alcanzar ese límite-frontera.

Crecimiento desordenado. Desarrollo sostenible es, sin duda, una idea que aunque haya calado, no es en absoluto puesta en práctica. Antonio Zaya, comisario de la sección de arte de esta bienal, en su pequeño texto editado hasta el momento, habla de esto al señalar cómo en Canarias ya se rozan esos límites y cómo se continúa con un proceso imparable de crecimiento desordenado, por lo que se hace necesario «articular los recursos necesarios a la reflexión interdisciplinaria sobre su vulnerabilidad y su sostenibilidad». ¿Consigue esto último la I Bienal de Arquitectura, Arte y Paisaje de Canarias? Tras visitar varias de las islas y estudiar su conjunto, cabría decir que no, pese a los esfuerzos, a los presupuestos y trabajos invertidos. Ya se sabe: año electoral, año de bienes. Aunque también cabe afirmar y recodar que pocas cosas en la vida se consiguen a la primera y en poco tiempo. Para ser una bienal aún queda por saber si habrá alguna más o ha sido otro espejismo de la globalización artística y la política de imagen.

Canarias vive una especial crisis urbanística y quizás en alguna de sus islas también una crisis poblacional. Es decir, una crisis de crecimiento no sostenible en la que el turismo tiene casi todo que ver. Sin embargo, esto que podría haber sido el trasfondo de la bienal, es esquinado hacia las conferencias y hacia alguna obra concreta. Por esta razón no resulta comprensible cómo en esta cita el concepto de arquitectura va por un lado y las artes visuales se dirigen hacia otro dentro de una decisión que las escinde: más que una estructura organizativa piramidal y de compartimentos estancos, quizás hubiera sido necesario crear un grupo de trabajo efectivo. Del mismo modo, el entendimiento del paisaje es demasiado laxo: «paisaje es todo», parecen decir los organizadores dentro de una idea expandida del mismo. Pero estamos escarmentados de que con frecuencia todo es igual a nada.

Sin duda, uno de los grandes temas del apartado arte no es tanto el paisaje, como la inmigración, algo completamente comprensible dados los acontecimientos e imágenes del pasado verano, pero también producto de la estrategia del caracol a la que conducen las políticas del miedo. En este sentido, la mayoría de las piezas sobre el asunto son, sin duda, bienintencionadas, pero varias pecan de tender a una «estetización del sufrimiento» que hacen que no casen y se relacionen del todo bien resultados e intenciones.

Fines políticos. Por último, aunque los mayores conjuntos se hayan instalado en Fuerteventura, Tenerife y Gran Canaria, la idea de una bienal expandida por el territorio tiene tanto precedentes como un trasfondo político e, incluso, de ordenación de un territorio. Dos serían los precedentes. Uno en las propias Islas, en el proyecto de Elba Benítez titulado Revisitar Canarias, que dio como principal fruto el proyecto de Craigie Horsfield sobre El Hierro, y en el que se invitó a un artista por isla para que realizara un proyecto fotográfico. El segundo, anterior en el tiempo, podría ser el de Mar Villaespesa para la Expo?92 y titulado Plus Ultra, un conjunto de exposiciones e intervenciones diseminadas por el territorio andaluz como parte de su pabellón. Pero en esta bienal esa dispersión provoca falta de intensidad, sobre todo en las islas no citadas más arriba, que se une a la falta de concreción también señalada.

En España, las bienales, como todo lo sólido, según Marx, acaban por desvanecerse en el aire. Queda por saber si aquí ocurrirá lo mismo o se aprenderá de la experiencia, y si bajo el manto del nombre bienal o no se intensifica y concretiza la idea de una Canarias sostenible.

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