Entre el ruido y el silencio

DE CARA AL FUTURO-Incansable, Aldo Chaparro se prepara para un año de intensa creatividad y exposición pública en diversos países
Artista multidisciplinario y director de la revista “Celeste”, entre otras ocupaciones, Aldo Chaparro finaliza un año de intensa actividad con su participación en Art Basel en Miami

ENTREVISTA
Aldo Chaparro

Por Alberto Servat
Para Aldo Chaparro las 24 horas del día son insuficientes y las distancias y fronteras casi imperceptibles. Su vida hoy es bastante agitada y como artista plástico tiene que enfrentar una serie de retos, cada vez mayores, para satisfacer sobre todo sus propias expectativas. No contento con ello, tiene intereses periodísticos e intenta llevar una vida personal plena. Pero no siempre ha sido así. “Los años anteriores fueron de trabajo silencioso y solitario”, nos dice. “Este ha sido un año especialmente agitado por los viajes y exhibiciones. Espero que en el 2007 pueda conciliar ambas cosas, interiores y exteriores, la soledad necesaria para crear y la actividad social, silencio y ruido”.
Pero la agenda del año que comenzará en dos semanas ya se ve agitada para él. Para comenzar, lo espera una colectiva titulada “The Ghost in the Machine”, en la galería Luis Adelantado de Miami, junto con artistas como Milton Manetas, entre otros. También participará en ARCO en Madrid, MACO en Ciudad de México y ARTEBA en Buenos Aires. También lo esperan en París, Bogotá y Sao Paulo. En cuanto a individuales, presentará su trabajo en la galería Dahbba Torrejón de la capital argentina y una instalación en Valencia, España. Y, como si no tuviera suficiente trabajo, también viene preparando un proyecto para Lima.
Aldo vive desde hace varios años en México, donde ha realizado la mayor parte de su carrera. Pero su formación académica se la debe a la Universidad Católica del Perú. Aquí comenzó el azaroso camino que lo ha colocado en estos momentos en el ojo de la tormenta de la vida artística. Ha sido profesor en la Universidad de Monterrey, es director de la revista “Celeste” y codirige el colectivo La mesa.

Acabas de participar en la feria Art Basel de Miami. ¿Qué importancia tiene esta feria para un artista como tú?
Las ferias son una vitrina de indiscutible importancia para cualquier artista. No solamente porque dan a conocer nuestra obra sino también porque nos permite un intercambio de información que de otra manera sería muy difícil. Durante los días que dura la feria Miami se convierte en el centro de intercambio de esa información.

Contrariamente a lo que siempre se piensa de Miami, como una ciudad muy frívola y sin un lugar para la cultura.
Frívola, gracias a Dios, sigue siéndolo. Pero Miami se está convirtiendo, sobre todo en las épocas de Art Basel, en un punto de encuentro para el arte del mundo entero y especialmente para este continente.

Me contabas que la presencia peruana no ha pasado inadvertida.
No, para nada. Hemos tenido una excelente representación. Allí estaba Fernando Bryce, quien es un extraordinario artista, reconocido internacionalmente. Como él otros más y no solo artistas, sino también galeristas, coleccionistas y curadores de museos. Parece ser un buen momento para el arte peruano.

¿Pero es un buen momento para el arte peruano o para el arte en general?
Para el arte en general. Las ventas en ferias y subastas siempre son un buen indicador por lo menos de la parte comercial.

Las ferias de arte contemporáneo, por un lado, y, por el otro, la venta de obras de maestros como Picasso o Klimt en las subastas de Sotheby’s y Christie’s. ¿Este movimiento nos indica que estamos entrando en una era en que la obra de arte se está convirtiendo en objeto de supermercado?
Si para allá vamos, enhorabuena. Ojalá algún día el arte sea para todos y los artistas tengan acceso a este intercambio de información. Dentro de Art Basel hubo otras ferias, como NADA y PULSE, diseñadas para galerías y artistas emergentes. El nivel de estas ferias alternas fue muy bueno también.

Claro, pero también comienza a generarse subproductos. Como en el caso de la moda. Quieres Armani y como no lo puedes pagar vas a Armani Exchange. ¿Sucede lo mismo con el arte?
Lo malo sería que no existiera demanda, que no hubiera interés de la gente por rodearse de arte. Claro, el peligro está en conformarse con un mercado secundario de obra más barata y de baja calidad. Pero eso no es nada nuevo, y es algo con lo que tenemos que vivir.

¿Pero cuáles son los límites que te dicen qué es arte y qué no lo es?
Esa es una pregunta muy antigua. En términos generales es arte si detrás del objeto existe la intención de su creador de que sea arte, pero de ahí a que sea buen arte, ya es otro asunto.

Eso me da pie a preguntarte sobre el culto a la personalidad del artista, más allá de su obra.
Cuando la obra respalda el éxito de un artista no hay nada que decir. Sin duda hay personalidades más atractivas para los medios y el público que otras. Pero cuando no hay un buen cuerpo de obra detrás, el farsante saldrá a la luz en algún momento.

El gran comentario de los propios organizadores de la más reciente FIAC, la feria de París, es que en el arte la tendencia de hoy es que no hay tendencia. ¿Lo crees? ¿Tiene que ver con el tema de la multidisciplina?
Trabajo mucho con artistas jóvenes. Mis alumnos y los artistas que recién aparecen difícilmente quieren ser catalogados dentro de una disciplina. Pintan en un momento, componen música después, filman un video y luego hacen una escultura. Sería difícil, pero sobre todo aburrido, tratar de encasillarlos en una sola área. Lo mas interesante de la contemporaneidad se da en los limites entre disciplinas, como el límite entre el diseño y el arte, entre el cine y la moda o la literatura y el periodismo. En mi trabajo en “Celeste” es algo de lo que no solamente soy testigo si no que además induzco, me parece un territorio muy fértil.

Has tocado un punto importante dentro de tu propia carrera. Aldo Chaparro como artista plástico y como director de la revista “Celeste”. ¿En qué momento son incompatibles ambas ocupaciones?
En el momento en que el día no me alcanza para hacer tantas cosas que quiero hacer. En general me aburro muy fácil de hacer todo el tiempo lo mismo; por eso en mi trabajo puedes ver todas las técnicas y disciplinas. Antes me generaba muchas culpas porque parecía contradecir lo que me enseñaron mis maestros sobre la constancia, pero ahora he convertido estas divagaciones en mi método, y mi trabajo en “Celeste” se integra perfectamente a esta condición. Ahí puedo libremente investigar en diseño, arquitectura, moda, fotografía, artes plásticas, cine y un sinfín de cosas. El secreto para mí es que toda la máquina funcione en la misma dirección y con los mismos objetivos.

¿Cuáles son los retos más difíciles en el mundo de hoy para un artista, considerando el consumo masivo, la publicidad y las exigencias de las galerías?
El gran reto es poder generar un trabajo honesto. Honesto en el sentido de que refleje verdaderamente tus intereses y que los sistemas de promoción y comercialización del arte no te conviertan solamente en un publirrelacionista, un mercadotecnista o un estratega.

Y en esta época de grandes ventas y exhibiciones en galerías, ¿dónde queda el compromiso del artista como vínculo sensible de la sociedad?

En mi manera de ver un artista es un pensador, un generador de ideas y de objetos que confrontan y cuestionan nuestra propia naturaleza y condición.

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