"De cantante fotografiado pasé a ser el cantante que fotografía"

PERFIL Nuevos madrileños Michal Novak, checo PEPE VARELA – Madrid – 17/12/2006

Nacido el último día de 1975 en Moravka/Bebek, una pequeña aldea del noroeste de lo que era Checoslovaquia, hoy Chequia, -“a unos 450 kilómetros de Praga”-, Michal Novak creció entre la asistencia matinal a la escuela y las labores vespertinas propias del lugar en el que vino a nacer:”Teníamos animales, hacíamos mantequilla y andaba con las vacas por el monte”, explica. Quizás fuera entonces, durante aquellas horas de soledad y silencio en los pastos, cuando Michal comenzó a aguzar su mirada, a fijarse en los pequeños matices que le rodeaban. Puede que fuera, en aquellos días y en aquel lugar, cuando comenzara la formación del fotógrafo que es hoy:”Recuerdo que, siendo pequeño y viajando en el autobús con mi madre, siempre me regañaba porque me quedaba mirando a la gente, como embobado”, dice. Viendo los retratos que hoy hace, en los que blancos, negros y grises son un estilete con el que el artista sonsaca miradas y caracteres, se ve bien a las claras que aquellas no fueron miradas…perdidas.

“Soy un autodidacto. Han sido muchos años de ensayo y error para ir mejorando”

Una cámara rusa que había en casa le sirvió a Michal para trastear con diafragmas e iluminaciones. Pero Michal era aún un niño y todavía quedaba mucho tiempo para que se pudiera llamar, a sí mismo fotógrafo. En realidad, antes fue cantante -“con cinco años vieron que podía tener aptitudes para la música”-. Y no resultaba extraño que fuera así, sobretodo teniendo en cuenta sus antecedentes familiares:”Mi madre toca el violín y mis abuelos tenían herencia musical en las venas”, aclara. Así, en aquellos años, comenzaron los estudios de violín, que más tarde se prolongaron con otros de viola y canto.

Mientras estudia, y mantiene una, aún, incultivada afición por la fotografía, Michal comienza a entrar en el mundo de la profesión operística:”Ya en el primer año de conservatorio, actué de figurante en El Rapto del Serrallo, una ópera de Mozart”, comenta. Las piezas están a punto de encajar: el tenor descubre el mundo de las escenografías operísticas y se siente impelido a retratarlas con su cámara; conoce a Marta, una soprano barcelonesa que estudiaba canto en Praga,se casa con ella y aprueba el ingreso en la Escuela Superior de Canto de Madrid. Era el año 2.000.

Michal viene a Madrid para perfeccionar su canto…y acabará abandonándolo por la fotografía.”La verdad es que en Chequia, tanto para cantantes como, en general, para profesiones relacionadas con la música, hay bastantes más oportunidades que aquí. No me apetecía hacer las cosas a medias, así que, poco a poco me fui apartando del canto…al mismo tiempo que me fui acercando a la fotografía”, cuenta. Y añade: “Antes de venir a España, la mayoría de mis fotos ya estaban vinculadas al teatro, a instrumentos, a un ensayo, a un músico o cantante…ahora veo claramente que fue una evolución, pero que nadie me pregunte como ocurrió. Sencillamente, no lo sé”.

Sin apenas trabajar profesionalmente dentro del mundo del canto, Michal si tiene la sensación de que, de no haber pasado por el mundo de la música, nunca habría llegado a ser el fotógrafo que es.”Me gusta hacer fotos de solistas o de coros porque, un día, yo estuve allí y sé como se sienten en cada momento. Eso me ayuda a la hora de hacer mi trabajo. Simplemente, he pasado de ser el cantante fotografiado al cantante que fotografía”, aclara. Y es que, viéndole trabajar detrás de la cámara, uno llega fácilmente a la conclusión de que todo resulta muy natural para alguien que siempre ha vivido ese ambiente, esas costumbres.

Sobre la mesa, en el book de trabajo de Michal se observa, con claridad el trabajo de un artista, como, fotografía a fotografía, el objetivo de un artista va entrando en los ojos y rasgos del personaje fotografiado:”Me considero un autodidacta. Han sido muchos años de ensayo y error, para ir mejorando. Para hacer cosas buenas hay que tratar de conseguir un nivel, para, luego, mejorarlo”.

El tránsito desde el escenario al cuarto oscuro y los objetivos no fue fácil. Tuvo que hacer el paso compaginando sus primeros encargos con trabajos en restaurantes de comida rápida, tiendas: “En Fotocasión, un comercio de fotografía de Cascorro, tuve la suerte de poder manejar material, conocer a gente”. Aunque ahora ya no trabaja allí, Michal vive cerca y disfruta saliendo con su cámara a fotografiar los puestos de comida, los gitanos, los cafés de los árabes….Como cuando era niño, Michal aún continúa mirando las caras de la gente. Las imagina en la cubeta de su cuarto, convertidas en luces y sombras; en grises, blancos y negros…

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