Destellos en años de penumbra

Fotografías de la Escuela de Madrid, de 1950 a 1975, en el Museo Municipal de Arte Contemporáneo

R. FRAGUAS – Madrid – 15/12/2

Hacerse una idea de la época en la cual la fotografía en España comenzó a plasmar los anacrónicos arcaísmos aún presentes en la vida cotidiana de sus ciudades y pueblos es desde ayer posible, y además grato, en el Museo Municipal de Arte Contemporáneo, en el Cuartel del Conde Duque. Y ello gracias a la exposición La Escuela de Madrid (1950-1975), denominación dada a un lúcido puñado de artistas de vanguardia, con los objetivos de sus cámaras abiertos de par en par con el propósito de escudriñar hasta el último rincón de la realidad y darlo a conocer de manera rotundaLos miembros de esta escuela bebieron de la experiencia de fotógrafos como William Klein, Robert Frank y Henri Cartier-Bresson, así como del neorrealismo italiano -con sus atractivas chicas de pelo cardado y aquellos padres siempre en camiseta-. Pero, por encima de todo, los pupilos de la Escuela de Madrid supieron urdir la trama de una nueva manera de interpretar todo cuanto aquella sociedad hispana, bajo el hondón del franquismo, les mostraba.La exposición comienza con fotografías selectas de Leonardo Cantero (1907-1995), entre las que destaca un herraje de toros en un tentadero, cuyo grumo pincela la escena de una vivacidad única. De Fernando Gordillo deslumbra su Cuentacuentos, un encuadre con un zapatero y dos niñas amuñecadas, al gusto de la época. Gerardo Vielba narra en sus Juegos de pelota todo un relato desplegado a lo largo de un eje formado por un pretil flanqueado de escaleras, que vertebra el quehacer y define de luz y de penumbra aquellos años. El agro fue tratado por el pamplonés Francisco Gómez en su Familia de Turégano y Juan Dolcet fascina aún al visitante con una escena vecinal en un pueblo. Niños en el campo, muestra la destreza del valenciano Gabriel Cualladó, a quien se atribuye la reflexión siguiente: “Comprendí que la fotografía española se había detenido en no sé qué época…”. Precisamente, para hacerla despertar de su parada, la Escuela de Madrid inició una senda en busca a de una luz que, hasta hoy, sigue iluminando con su maestría el primer discurrir de nuevos fotógrafos.

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