Los trípticos de barro y pintura de Barceló

El artista inaugura en Barcelona el nuevo centro de Círculo de Lectores con la ‘Divina Comedia’
Miquel Barceló pinta con barro últimamente. La capilla de la catedral de Palma, que se inaugurará a principios de febrero, es la prueba evidente. Será interesante ver la reacción ante esta intervención valiente y extraña. La de la crítica y, sobre todo, la de la gente.”Cuando pinto tengo la sensación de que lo que hago no es pintura, es otra cosa”

“Para mí la pintura presenta más que representa”, afirma el artista

Miquel Barceló pinta con barro últimamente. La capilla de la catedral de Palma, que se inaugurará a principios de febrero, es la prueba evidente. Será interesante ver la reacción ante esta intervención valiente y extraña. La de la crítica y, sobre todo, la de la gente. En todo caso, juega en casa y no hay duda de que en la capilla, además de arte, está Mallorca, toda ella, con lo bueno y lo malo, lo fresco y lo podrido, el agua y la tierra… Sobre todo la tierra, porque si algo es Miquel Barceló es terrenal, también rural, y por eso no es extraño que ahora pinte con barro. “Considero que la capilla de la catedral es una forma de pintura, como un fresco hecho con arcilla”, comentaba ayer ante uno de los murales que realizó previamente a la obra mallorquina. Lleva por título Multiplicación del pan y los peces II (la capilla está dedicada a este milagro) y se presenta en el marco de la exposición de su trabajo, centrado en las ilustraciones de la Divina Comedia de Dante, que ayer inauguró el Príncipe en la nueva sede cultural de Círculo de Lectores en Barcelona (Consejo de Ciento, 323), en un local que en otro tiempo ocupó la histórica Sala Gaspar.
El tema de la exposición, abierta hasta el 28 de febrero, es la Divina Comedia y presenta por primera vez en España los dibujos originales para las ilustraciones de los tres tomos de la obra que editó Galaxia Gutenberg entre 2002 y 2003 y de la que se llevan vendidos ya casi 40.000 ejemplares en sus diferentes ediciones en castellano (la mitad de la tirada), catalán, alemán y francés. Pero punteando los dibujos y acuarelas de trazo suelto y vigoroso que recuerdan sus obras de Malí, el artista ha situado tres grandes obras paralelas que aluden en parte al Infierno, el Purgatorio y el Cielo, las tres partes en las que se divide la obra de Dante.
Estas tres obras, al igual que las ilustraciones, se refieren también a la otra gran obra que, junto a Dante, ha ocupado la mente de Barceló en los últimos seis años: la capilla de la catedral de Palma. El mural cerámico que se exhibe en Barcelona es una especie de boceto, resumen o ensayo que no da cuenta de la espectacularidad de la capilla, una obra que por otra parte resulta difícil de definir o defender, pero que sobrecoge por su osadía y desaforado realismo. Como en ella, en el mural los peces que surgen de la arcilla (trabajada por delante y por detrás, un aspecto que el artista explica con malicia) son perfectamente identificables y en la parte inferior algunos aparecen desventrados, como acabados de pescar y limpiar, como si aún fuera perceptible la viscosidad de sus ojos vidriosos. Los panes también son reconocibles y el artista explica que en este mural había conseguido ya encontrar la manera de abrirlos utilizando un secador de mano sobre la parte superior de la arcilla para, una vez partida, dar forma a la costra. “Para mí la pintura presenta más que representa”, explica. “Era importante que fueran peces reales, y que el pan sea pan, no una representación del pan o algo que simula serlo”. Apunta, pero a veces cuesta seguirle, que en su pintura siempre es así, y parece entenderse que siempre es así de real y que busca siempre abrirlo todo, desventrarlo, mostrar el interior directamente. “Cuando pinto tengo la sensación de que lo que hago no es pintura, es otra cosa. Es muy físico”. Explica que no hace dibujos preparatorios y, realmente, sobre su proceso de trabajo con la arcilla no hay más que ver el espectáculo Paso Doble, que presentó en el pasado festival de Aviñón junto al coreógrafo Josef Nadj. La editorial Les Poissons Volants, con ayuda institucional, ha editado el DVD de un ensayo de aquel montaje y es toda una performance que parece reflejar su manera de dar forma y de deformar la materia. Representa, también, la apoteosis del artista demiurgo, a lo Pollock, como se hacía antes y siguen haciendo, creyéndoselo de verdad, algunos. De esta experiencia afirma que han surgido nuevas obras, esculturas inspiradas en las máscaras de cerámica que Nadj y él mismo se ponen sobre el escenario.
Barceló, que en enero cumplirá 50 años, se declara agnóstico pero lleva años metido en una atmósfera de religión que parece mirar desde cierta distancia. En las ilustraciones de la Divina Comedia se autorretrata en el Infierno, pero sin pena, y en la capilla de Palma hay quien ve en el Cristo doliente y desnudo, casi invisible, su autorretrato. Ayer, él leía esta última figura como una versión del artista en su taller, lo que no deja de ser curioso. Remarcó que el trabajo paralelo con las dos obras, las ilustraciones de Dante y la capilla, le han llevado a trabajar con trípticos, algo que no había hecho hasta entonces, y que le hace relacionar estos trabajos con el tema de la Trinidad. En la exposición, el infierno está representado por un gran cuadro con una calavera rodeada de cerillas a punto de extinguirse; el purgatorio es otro gran óleo con el mundo cavernoso lleno de estalactitas que reconoce inspirado en las cuevas del Drach y el paraíso es el mural de panes y peces del milagro. “El paraíso es terrenal”, dice.

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